Lo insoportable de la infancia

Bibliografía

 

Referencias Sigmund Freud

Freud, S. La interpretación de los sueños [1899]. Cap. III, El sueño es una realización de deseos. En: Obras Completas. Madrid. 4ta. Edición. Biblioteca Nueva. Tomo I, pp 427.

Nota al pie 223: “Un más penetrante y detenido estudio de la vida anímica de los niños nos muestra, sin embargo, que en su actividad psíquica desempeñan un papel importantísimo inadvertido durante mucho tiempo por los investigadores, fuerzas instintivas de conformación infantil, y, por tanto, habremos de dudar de la felicidad que a esta edad atribuyen luego los adultos”.

Freud, S. La interpretación de los sueños [1899]. Cap. IV, Material y fuente de los sueños. En: Obras Completas. Madrid. 4ta. Edición. Biblioteca Nueva. Tomo I, pp 463.

“En otra serie de sueños nos enseña el análisis que el mismo deseo que ha provocado el sueño que lo realiza procede de la vida infantil, haciéndonos ver, con asombro, que en el sueño continúa viviendo el niño con sus impulsos infantiles”.

Freud, S. Análisis fragmentario de una histeria (“Caso Dora”) [1901-1905]. IV, A) El cuadro clínico. En: Obras Completas. Madrid. 4ta. Edición. Biblioteca Nueva. Tomo I, pp. 980.

“Un sueño no es la realización de un propósito, sino el cumplimiento de un deseo, y precisamente de un deseo procedente de la vida infantil.”

Freud, S. “Intervención de Freud sobre El despertar de la primavera en la Sociedad Psicológica de los miércoles (Viena, 1907)”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis N°26. Publicación de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, junio 2019, pp 16.

“En un ataque de angustia, por ejemplo, un sujeto empieza a interrogarse para verificar, al parecer, si sigue estando en sus cabales. El interrogatorio de Edipo también está vinculado a la angustia, que se esconde tras la Esfinge (“Esfinge” significa “estranguladora”). La pregunta que está en la base de todas las interrogaciones es, sin duda, la que nace de la curiosidad infantil por la sexualidad: ¿De dónde vienen los niños? La esfinge sólo la plantea al revés: ¿Qué es, pues, lo que viene? Respuesta: El ser humano.”

Freud, S. Sobre el sentido antitético de las palabras primitivas. Obras completas, Volumen XI, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, pp 152.

“Los niños juegan con la inversión fonética de la palabra y cuan a menudo el sueño se sirve, (…) de la inversión de su material figurativo (…). Por eso, nos inclinaríamos a reconducir la inversión de la secuencia fónica a un factor que hincase en un nivel más profundo”.

Freud, S. Introducción del narcisismo. Obras completas, Volumen XIV, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, pp. 73.

“Un aporte a la teoría de la libido proporciona concepciones sobre la vida anímica de los niños (…) nos formamos así la imagen de una originaria investidura libidinal del yo, cedida después a los objetos; empero, considerada en su fondo, ella persiste, y es a las investiduras de objeto como el cuerpo de una ameba a los seudópodos que emite”.

Freud, S. Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Obras completas, Volumen XI, Amorrortu, Buenos Aires,1985, pp. 37.

“La exploración psicoanalítica no reconduce los síntomas, a vivencias sexuales, sino a unas tramáticas, triviales (…) unicamente las vivencias de la infancia explican la suceptibilidad para posteriores traumas, y sólo descubriendo esta huellas olvidadas conseguimos el poder para eliminar los síntomas”.

Freud, S. A propósito de un caso de neurosis obsesiva. Obras completas, Volumen X, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, pp. 161.

“De niño, a la edad de 6 años, él ha cometido algún desaguisado sexual entramado con el onannismo, y recibió del padre una sensible reprimenda.Este castigo habría puesto fin al onanismo, sí pero por otra parte dejó como secuela una inquina inextinguible contra el padre y fijó para todos los tiempos su papel como perturbador del goce sexual. (…) el paciente informó que cuando era todavía muy pequeño, debió haber emprendido algo enojoso, por lo cual el padre le pegó. Y entonces el pilluelo fue presa de una ira terrible e insultaba todavía bajo los golpes del padre. Pero como aún no conocía palabras insultantes, recurrió a todos los nombres de objetos que se le iban ocurriendo, y decía: ¡Eh tú, lámpara, pañuelo, plato, etc. El padre sacudido, ceso de pegarle y expresó: este chico será un gran hombre o un gran criminal. (…) Por angustia ante lamagnitud de su propia ira se volvió cobarde desde entonces. (…) Recordaba que su padre había sido colérico y en su violencia ya no sabía hasta donde era lícito llegar”.

Freud, S. Análisis de la fobia de un niño de cinco años. Obras completas, Volumen X, Amorrortu, Buenos Aires, pp 87.

“El primer rasgo imputable a la vida sexual en el pequeño Hans es un interés particularmente vivo por su “hace-pipí”, (…) este interés lo convierte en investigador; así descubre que basándose en la presencia o falta del hace-pipí uno puede distinguir lo vivo de lo inanimado. En todo ser vivo él presupone esta sustantiva parte del cuerpo”.

Freud, S. La novela familiar de los neuróticos. Obras completas, Volumen IX, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, pp. 220.

“En el individuo crece, su desasimiento de la autoridad parental en una de las operaciones más necesarias, pero también más dolorosas (…) si uno escruta en los detalles de las fantasías noveladas (…) la sustitución de ambos progenitores por personas grandiosas, descubre que estos nuevos padres están íntegramente dotados con rasgos que provienen de recuerdos reales (…) expresión de la añoranza del niño por la edad dichosa de infancia”.

Freud, S., Estudios sobre la Histeria. El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos [1893]. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 41-42.

"(…) Con frecuencia la causa de los fenómenos patológicos, más o menos graves, que el paciente presenta, está en sucesos de su infancia".

Freud, S., Nuevas observaciones sobre las Neuropsicosis de defensa [1896]. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 287.

Nota de Freud de 1925: "Me estoy inclinando a pensar que los relatos de agresiones (sexuales) tan frecuentemente inventados por los histéricos puedan ser fantasías obsesivas de huellas mnémicas de un trauma infantil". (Nota de J.N.)

Freud, S., La sexualidad en la etiología de las neurosis [1898]. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 319-320.

"Los sucesos y las influencias en el fondo de toda psiconeurosis no pertenecen a la actualidad, sino a una época muy pretérita de la vida del sujeto, a su primera infancia, habiendo sido olvidados luego, aunque sólo en cierto sentido, por el enfermo.

Todos los casos de neurosis poseen, pues una etiología sexual; pero tal etiología se halla constituida por sucesos actuales en las neurastenias, e infantiles en las psiconeurosis".

Freud, S., Los recuerdos encubridores [1899]. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 330.

"Este descubrimiento acorta a nuestros ojos la distancia que suponíamos entre los recuerdos encubridores y los demás recuerdos de la infancia. Llegamos a sospechar que todos nuestros recuerdos infantiles conscientes nos muestran los primeros años de nuestra existencia, no como fueron, sino como nos parecieron al evocarnos luego, en épocas posteriores. Tales recuerdos no han emergido, como se dice habitualmente en estas épocas, sino que han sido formados en ellas, interviniendo en esta formación y en la selección de los recuerdos toda una serie de motivos muy ajenos a un propósito de fidelidad histórica".

Freud, S., La interpretación de los sueños [1899]. Cap. IV, Material y fuente de los sueños. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 467.

"Cuanto más ahondamos en el análisis de los sueños, más frecuentemente descubrimos las huellas de sucesos infantiles que desempeñan, en el contenido latente, el papel de fuentes oníricas".

Freud, S., Psicopatología de la vida cotidiana [1900-1901]. IV, Recuerdos infantiles y recuerdos encubridores. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 784.

"El tema de los recuerdos infantiles me parece tan interesante y de tal importancia, que quiero dedicarle aún algunas observaciones (…) ¿Hasta qué estadio de la niñez alcanzan los recuerdos? (…) Olvidamos de cuán altos rendimientos intelectuales y cuan complicadas emociones es un niño de cuatro años y no nos asombramos como deberíamos de que la memoria de los años posteriores haya conservado generalmente tan poca cosa de estos procesos psíquicos, pues no tenemos en cuenta que existen vigorosas razones para admitir que estas mismas actividades infantiles olvidadas no han desaparecido sin dejar huella en el desarrollo de la persona, sino que han ejercido una influencia determinante sobre su futura vida. Y, sin embargo, se han olvidado, a pesar de su incomparable eficacia (…) Es muy posible que este olvido de nuestra niñez nos pueda dar la clave para la comprensión de aquellas amnesias que, según nuestros nuevos conocimientos, se encuentran en la base de formación de todos los síntomas neuróticos".

Freud, S. Análisis fragmentario de una histeria ("Caso Dora") [1901-1905]. IV, A) El cuadro clínico. Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 4ta. Edición, Tomo I, p. 959-960.

"Este fragmento del análisis despertará quizás en el lector médico, además de la incredulidad a la que tiene perfecto derecho, extrañeza y horror. Pero estoy dispuesto a someter a prueba la justificación de ambas reacciones. La extrañeza (…) Antes de emprender el tratamiento de una histeria es necesario hallarse convencido de que ha de ser inevitable tratar de cosas sexuales o estar dispuesto a dejarse convencer por la experiencia. La adecuada actitud se resume en la frase "pour fair une omelette il faut casser des oeufs".(…) y toda la acción de la cura reposa en el conocimiento de que la influencia afectiva de una idea inconsciente es más enérgica y más perjudicial que la de una idea consciente, pues no es susceptible de contención (…). Allí donde surge una histeria no puede hablarse ya de inocencia en el sentido que los padres y educadores dan a este concepto. En niños y niñas de diez, doce y catorce años he llegado a convencerme de la absoluta exactitud de este principio.

Freud, S., Tres ensayos de teoría sexual. Obras Completas, Volumen VII, Amorrortu, Buenos Aires 1985, p. 114.

"La importancia de los factores sexuales en la causación de las neurosis (…) se remontaban a la niñez (…). El descubrimiento del complejo de Edipo lo llevo a advertir que en los niños más pequeños operaban normalmente impulsos sexuales sin ninguna necesidad de estimulación externa".

Freud, S., Tres ensayos de teoría sexual. Obras Completas, Volumen VII, Amorrortu, Buenos Aires 1985, p. 165.

"El niño (…) podríamos imaginarlo diciendo: Lástima que no pueda besarme a mí mismo".

Freud, S., Análisis de la fobia de un niño de cinco años. Obras Completas, Volumen X, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, p. 84.

"Yo no comparto el punto de vista, que hoy goza de predilección, según el cual los enunciados de los niños serían por entero arbirarios e inciertos. Arbitrariedad no la hay, absolutamente, en lo psíquico; y en cuanto a la incerteza en los enunciados infantiles, se debe al poder de su fantasía (…) lo mismo que en los adultos la incerteza deriva del hiperpoder de sus prejuicios (…) se haría grave injusticia a nuestro pequeño Hans si se desestimaran en bloque sus indicaciones".

Freud, S., Introducción del narcisismo. Obras Completas, Volumen XIV, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, p. 84.

"El niño elige sus objetos sexuales tomándolos de sus vivencias de satisfacción. Las primeras satisfacciones sexuales autoeróticas son vivenciadas a remolque de funciones vitales que sirven a la autoconservación (…). Los seres humanos, decimos que tiene dos objetos sexuales originarios: él mismo y la mujer que lo crió (…) entonces, en todo ser humano el narcisismo primario, puede expresarse de manera dominante en su elección de objeto".

Freud, S., Conferencias de introducción al psicoanálisis. 18ª conferencia. La fijación al trauma, lo inconsciente. Obras Completas, Volumen XVI, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, p. 259.

"El análisis de todo síntoma singular nos lleva hasta una cadena íntegra de impresiones vitales (…) esta cadena se remonta, a los primerísimos años de vida (…) como una prosecución directa de la amnesia infantil (…) que nos oculta los comienzos de nuestra vida anímica"

Freud, S., Conferencias de introducción al psicoanálisis. 19ª conferencia. Resistencia y represión. Obras Completas, Volumen XVI, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, p. 275.

"Si ustedes abarcan una serie más amplia de interpretaciones de síntomas (…) no dejarán de destacar que esos síntomas no ofrecen nada real en materia de satisfacción, y aun con bastante frecuencia se limitan a reanimar una sensación o a figurar una fantasía proveniente de un complejo sexual (…) que muestra a menudo un carácter infantil e indigno (…) quiza tendría que describirse como satisfacción de concupiscencias que se dirían crueles o monstruosas, y hasta antinaturales".

Freud, S., Conferencias de introducción al psicoanálisis, 25ª conferencia. La angustia. Obras Completas, Volumen XVI, Amorrortu, Buenos Aires, 1985, p. 361.

"En cuanto al afecto de angustia, creemos conocer cuál es esa impresión temprana que él reproduce en calidad de repetición. Decimos que es el acto del nacimiento, en el que se produce ese agrupamiento de sensaciones displacenteras, mociones de descarga y sensaciones corporales que se han convertido en el modelo para los efectos de un peligro mortal y desde entonces es repetido como estado de angustia. (…) por tanto, la primera angustia fue una angustia tóxica".

Freud, S., Más allá del Principio del Placer. Obras Completas, Volumen XVIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1986, p. 18.

"El enfermo puede no recordar todo lo que hay en él de reprimido (…). Más bien se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez de recordarlo (…). Esta reproducción que emerge con fidelidad no deseada, tiene siempre por contenido un fragmento de la vida sexual infantil y, por tanto, del complejo de Edipo y sus ramificaciones; y regularmente se juega en el terreno de la transferencia, esto es, de la relación con el médico."

 

Referencias Jacques Lacan

Lacan, J., El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 1981, pp. 277-294.

“El hombre de los lobos es indispensable para comprender lo que Freud elabora en esta época, vale decir, la teoría del traumatismo……, Ante todo, les recordare que la represión en en el caso del hombre de los lobos, está ligada a una experiencia traumática: el espectáculo de la copulación entre los padres en posición a tergo. El paciente nunca pudo evocar directamente esta escena, rememorarla, ella es construida por Freud, La posición copulatoria solo pudo ser restituida a partir de sus consecuencias traumáticas en el comportamiento actual del sujeto”

(….) volvamos a lo esencial. El valor traumático de la efracción imaginaria producida por ese espectáculo no debe, en modo alguno, localizarse justo después del acontecimiento. Para el sujeto, la escena cobra valor traumático entre los 3 años, 3 meses y los 4 años……. El sueño de angustia, eje de esta observación, aparece por primera vez mientras el sujeto está esperando los acontecimientos de navidad……… “

Lacan, J., El Seminario, Libro 6, El deseo y su interpretación. (1958-59). Paidós, Buenos Aires, 2014. Pp. 183-184.

“Pero dejemos de lado, ya que por el momento la cuestión es percatarnos de cómo entra en juego la operación del significante en el niño. Digo que en el niño podemos ver esa operación en la fuente, en el origen de su captación del mundo que se le ofrece – y que ante todo es un mundo de lenguaje, un mundo en que la gente le habla, lo cual es obviamente un enfrentamiento bastante asombroso. ¿cómo entrará el significante en ese mundo?,

(….)a partir de que el niño aprende a decir guau guau a un perro, llamará guau guau a un montón de cosas que nada tienen que ver con un perro. Esto les muestra de inmediato que se trata de la transformación del signo en significante y de la puesta a prueba del significante..”

Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964). Paidós, Buenos Aires, 2005.

“Yo también he visto, con mis propios ojos, abiertos por la adivinación materna, al niño, traumatizado de que me fuera, a pesar del llamado que precozmente había esbozado con la voz, y que luego volvió a repetir durante meses enteros; yo lo vi, aún mucho tiempo después, cuando lo tomaba en brazos, apoyar su cabeza en mi hombro para hundirse en el sueño, que era lo único que podía volverle a dar acceso al significante viviente que yo era desde la fecha del trauma”.

Lacan, J., El Seminario, Libro 16, De un otro al otro, Paidós, Buenos Aires, 1968- 1969. pp. 207

Freud lo expresa en la última frase de la Traumdeutung. El deseo del que se trata, el deseo inconsciente, se mantiene impasible en su estabilidad, transmitiendo las exigencias de lo que Freud llama, con o sin razón, el pasado. No porque haya Vergdnglichkeit debemos pensar inmediatamente en buenas o malas impresiones, en la neurosis traumática del niño que perdura en cada uno de nosotros, y otros lugares comunes. Pueden por cierto utilizarse, pero lo esencial es la permanencia, la constancia, la impasibilidad del deseo, que es pues completamente reductible a lo forma.

(…) Pues bien, si no fuera por la configuración de vacuola, de agujero pro- pio del goce, que es algo insoportable para lo que está reglado como tensión temperada, no verían en lo sexual nada análogo a lo que llamo en la pulsión una estructura de borde. El borde se constituye aquí por una suerte de logística de la defensa,

Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 1971-1972. pp. 20

“(…)Si en el punto de cierta falla de lo real -indecible en sentido estricto, ya que ella sería lo que determinaría todo discurso- yacen las líneas de ese campo que son las que descubrimos en la experiencia analítica, ¿no es conveniente, probable, apto para ser inducido, que Jo que la lógica diseñó al relacionar el lenguaje con lo que se plantea como real puede permitirnos localizar ciertas líneas, que hay que inventar? Ese es el esfuerzo teórico que designo mediante esa soltura que encontraría una insistencia. ¿No es acaso posible aquí encontrar una orientación?

Lo real puede definirse como lo imposible, en la medida en que se revela por la captación misma del discurso lógico. Este imposible, este real, debe ser privilegiado por nosotros. ¿Por nosotros, quiénes? Por los analistas. Ya que él es el paradigma de lo que pone en tela de juicio lo que puede surgir del lenguaje. Del lenguaje surgen ciertos tipos de discursos, a los que definí como instauradores, cada uno de ellos, de un tipo de lazo social muy preciso. Pero cuando interrogamos al lenguaje sobre lo que funda como discurso, es impactante que no pueda hacérselo más que fomentando la sombra de un lenguaje que se superaría, que sería metalenguaje, y, como a menudo lo hice observar, no puede serlo más que reduciéndose en su función, es decir, engendrando un discurso particularizado. En ese real que se afirma por la interrogación lógica del lenguaje propongo ver el modelo de lo que nos importa, a saber, de lo que entrega la exploración del inconsciente. “

Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aún, 1972-1973, Paidós, Buenos Aires, 2001, pp.70-71.

“Hay, dice Freud, un Lust-Ich antes de un Real-Ich. Se trata de un deslizamiento, un atascamiento en ese atolladero, que llamo el desarrollo, y que no es más que una hipótesis del do- minio. O sea que el bebé nada tiene que ver con el Real-Ich, pobre ovejita, incapaz de albergar la menor idea de lo que es lo real. Eso está reservado para la gente que conocemos, esos adultos de los que, por otra parte, está dicho expresamente que no logran nunca despertarse: cuando en sueños les sucede algo que amenaza con pasar a lo real, se perturban tanto que de inmediato se despiertan, es decir, que siguen soñando. Basta con leer, basta con meterse un poco, con verlos vivir, con tenerlos en psicoanálisis, para darse cuenta de lo que quiere decir eso del desarrollo.”

Lacan, J., Seminario 21, Los no incautos yerran (1973-1974), Clase 8, del 19 de Febrero de 1974, inédito Disponible en http://www.psicoanalisis.org/lacan/21/8.htm

“Pero todos sabemos, porque todos inventamos un truco para llenar el agujero(trou)en lo real. Donde no hay relación sexual, eso produce troumatisme. Uno inventa lo que puede, por supuesto Cuando no se es malo, se inventa el masoquismo. Sacher Masoch era un boludo. Hay que ver también con qué pinzitas tomaba a Sacher Masoch la persona que quería jugar la cosa para responderle. No sabía qué hacer de eso. ¡Sólo tenía Le Fígaro para expresarse, y esto lo dice todo! En fin, dejemos a Sacher Masoch. Hay saberes más inteligentemente inventados. Y por esto digo que lo Real se inventa no sólo allí donde hay un agujero, sino que no es impensable ( que no ser por ese agujero que avanzábamos en todo lo que inventamos de la Real, lo que no es poco, porque está claro que hay un lugar donde eso, eso camina, lo Real, y es que lo hacemos entrar como tres, esa cosa bastarda, pues por cierto que es difícil manipular lógicamente esa connotación "tres" para lo Real.”

Lacan J., Seminario 24, “L´insu que sait de l´une-bevue s´aile a mourre”, clase del 15 de marzo de 1977, inédito. Disponible en: http://www.psicoanalisis.org/lacan/24/10.htm

“Lo simbólicamente real no es lo realmente simbólico. Lo realmente simbólico, esto es lo simbólico incluido en lo real, lo cual tiene perfectamente un nombre — eso se llama la mentira. Lo simbólicamente real, o sea lo que de lo real se connota en el interior de lo simbólico, es la angustia. El síntoma es real. Es incluso la única cosa verdaderamente real, es decir que conserva un sentido en lo real. Es por esta razón que el psicoanalista puede, si tiene oportunidad, intervenir simbólicamente para disolverlo en lo real.

Lo que es simbólicamente imaginario, es la geometría. El famoso mos geometricus del que se ha hecho tanto caso no es más que la geometría de los ángeles — a pesar de la escritura, no existe. Hace tiempo, hice rabiar mucho al Reverendo Padre Teilhard de Chardin haciéndole notar que si él se atenía tanto a la escritura, era preciso que reconociera que los ángeles existían. Paradojalmente, el Reverendo Padre no creía en ello — él creía en el hombre, de donde su historia de hominización del planeta. No veo por qué se creería más en la hominización de cualquier cosa que en la geometría. La geometría concierne expresamente a los ángeles, y para el resto, es decir para la estructura, no reina más que una cosa, es lo que yo llamo la inhibición. Inhibición a la cual acometo, quiero decir que me cuido de ella, que me hago un problema.”

Lacan, J., El malentendido. Disponible en: http://www.psicoanalisisinedito.com

“Soy un traumatizado del malentendido (. ……….) El cuerpo no hace aparición en lo real sino como malentendido. Seamos en esto radicales: su cuerpo es el fruto de un linaje del cual una buena parte de sus des- gracias se debe a que éste ya nadaba en el malentendido tanto como le era posible.

(…) No hay otro traumatismo del nacimiento que nacer como deseado. Deseado, o no – es lo mismo, puesto que es por el parlêtre.

(…) El parlêtre en cuestión en general se reparte en dos hablantes. Dos hablantes que no hablan la misma lengua. Dos que no se oyen [entendent] hablar. Dos que simplemente no se entienden [entendent]. Dos que se conjuran para la reproducción, pero de un malentendido consumado, que su cuerpo vehiculizará con dicha reproducción. “

Lacan, J., “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros escritos, Ed. Paidós, México, 2002.

“Notemos que aquí no evocamos lo real. Que en una experiencia de palabra solo llega como virtualidad, que en el edificio lógico se define como lo imposible.

Pero lo que yo le pregunto a quienquiera que haya oído la comunicación que pongo en cuestión es, si un niño que se tapa los oídos, se nos dice, ¿ante qué? Ante algo que se está hablando, ¿no está acaso ya en lo posverbal, puesto que se protege del verbo?!

Lacan, J., El seminario, libro 4, La relación de objeto. Paidós, Buenos Aires, 2008 pp. 360-361.

"La madre es la madre simbólica, primer elemento de la realidad simbolizado por el niño, en la medida en que puede estar ausente o presente. Cuando ella rehúsa el amor, la compensación se encuentra en el pecho real, por aplastamiento bajo la satisfacción real, lo que no impide que entonces se produzca una inversión. En efecto, en la misma medida en que el pecho se convierte en una compensación, se convierte al mismo tiempo en el don simbólico, mientras que la madre se convierte en un elemento real, es decir omnipotente, que rehúsa su amor.

El progreso de la situación con la madre consiste en esto, en que el niño ha de descubrir, más allá de la madre, lo que ella ama. El elemento imaginario no es el niño, sino el i, el deseo del falo de la madre. A fin de cuentas, lo que el niño ha de hacer- no quiere decir que o haga-, es llegar a formular esto –i S(i). Eso es lo que nos muera el juego de ocultación del niño todavía infans con su comportamiento de alternancia acompañado de una contrapartida simbólica, una oposición vocalizada."

Lacan, J., El seminario, libro 6, El deseo y su interpretación. Buenos Aires, Paidós, 2015, p.22.

"La primera parte de este esquema representa el nivel infans del discurso, pues quizá ni siquiera es necesario que el niño ya esté hablando para que se ejerza la marca, la huella que la demanda deja sobre la necesidad, como lo muestran sus vagidos alternantes. La segunda parte implica que el niño, aunque todavía no sepa sostener un discurso, de todos modos, ya sabe hablar, lo cual ocurre muy temprano."

Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 72.

"La descripción de los estadios, formadores de la libido, no debe ser referida a una pseudo-maduración natural, siempre opaca. Los estadios se organizan en torno de la angustia de castración. El hecho de la copulación en la introducción de la sexualidad es traumatizante - ¡tamaño tropiezo! -y tiene una función organizadora para el desarrollo.

La angustia de castración es como un hilo que perfora todas las etapas del desarrollo. Orienta las relaciones que son anteriores a su aparición propiamente dicha: destete, disciplina anal, etc. Cristaliza cada uno de estos momentos en una dialéctica que tiene como centro un mal encuentro. Los estadios son consistentes precisamente en función de su posible registro en términos de malos encuentros".

Lacan, J., El seminario. Libro 17, El Reverso del psicoanálisis, Buenos Aires Paidós, 1998, pp.131.

"Que el padre muerto sea el goce es algo que se nos presenta como el signo de lo imposible mismo. Y aquí volvemos a encontrarnos con estos términos que defino como los que fijan la categoría de lo real - en tanto se distingue radicalmente, en lo que articulo de lo simbólico y de lo imaginario - lo real es lo imposible. No en calidad de un simple tope contra el que nos damos de cabeza, sino el tope lógico de aquello que, de lo simbólico, se enuncia como imposible. De aquí surge lo real. "

Lacan, J., El seminario. Libro 20, Aún. Buenos Aires, Paidós, 1998, p. 14.

"(…) el goce sexual está marcado, dominado por la imposibilidad de establecer como tal, en ninguna parte en lo enunciable, ese único Uno que nos interesa, el Uno de la relación proporción sexual."

Lacan, J., "La tercera". Intervenciones y textos 2. Buenos Aires, Manantial ediciones, 2006. p.73.

"Para definir a este real, en un segundo tiempo, intenté acotarlo a partir de lo imposible de una modalidad lógica (...) lo real no es lo universal (…) llamo síntoma a lo que viene de lo real. (…) El sentido del síntoma es lo real. Lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden. (….). El advenimiento de lo real no depende para nada del analista. Su misión es hacerle la contra."

Lacan, J., "Homenaje a Lewis Carroll". Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Publicación de la Escuela de Orientación Lacaniana, N°26, Buenos Aires, Grama, 2019, p. 21.

"Solo el psicoanálisis establece el alcance de objeto absoluto que puede tomar la niña. Es porque ella encarna una entidad negativa, que lleva un nombre que no tengo que pronunciar aquí, si no quiero embarcar a mis oyentes en las confusiones comunes.

De la niña, Lewis Carroll se hizo el sirviente, ella es el objeto que él dibuja, ella es el oído que él quiere alcanzar, ella es aquella a quien, entre todos nosotros, él se dirige verdaderamente. Cómo esta obra nos toca a todos después de esto, es lo que no se concibe bien sino con una teoría determinada de aquello que hay que llamar el sujeto, la que el psicoanálisis permite."

Lacan, J., "Nota sobre el niño". Otros escritos, Paidós, México, 2002.

"La distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de la madre, si ella no tiene mediación (normalmente asegurada por la función del padre), deja al niño abierto a todas las capturas fantasmáticas. Deviene el "objeto" de la madre, y ya no tiene otra función que la de revelar la verdad de ese objeto.

El niño realiza la presencia de lo que Jacques Lacan designa como objeto a en el fantasma.

(…) El aliena en sí todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e incluso exigencia de ser protegido.

Lacan, J. "Los complejos familiares en la formación del individuo" Otros escritos, Paidós, México, 2012 pp. 56.

"El psicoanálisis ha revelado en el niño pulsiones genitales cuyo apogeo se sitúa en el cuarto año. Sin extendernos aquí acerca de su estructura, digamos que constituyen una especie de pubertad psicológica, muy prematura, como se ve, respecto a la pubertad fisiológica. Al fijar al niño mediante un deseo sexual al objeto más cercano que le ofrecen normalmente la presencia y el interés, a saber, el progenitor del sexo opuesto, estas pulsiones dan su base al complejo; su frustración constituye su nudo. Aunque inherente a la prematuración esencial de estas pulsiones, tal frustración es relacionada por el niño con el objeto tercero que las mismas condiciones de presencia y de interés le designan normalmente como obstáculo a su satisfacción: a saber, el progenitor del mismo sexo."

Lacan, J. "La familia según Freud" La familia, Argonauta, Barcelona, 1978 pp. 66.

"El proceso que va desde el deseo edipico hasta su represión aparece con la simplicidad con la que lo hemos señalado sólo con el niño varón. Desde ese modo es este último el que es tomado constantemente como sujeto de las exposiciones didácticas del complejo.

El deseo edipico, en efecto, se manifiesta como mucho mas intenso en el caso del niño y, asi, hacia la madre. Por otra parte, en su mecanismo la represión revela rasgos que solo parecen justificarse si en su forma típica se ejerce de padre a hijo. Es ello lo que corresponde al complejo de castración."

 

Referencias Jacques-Alain Miller

Miller, J.-A., “Varidad de Lacan”. En: El Ultimísimo Lacan, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 118

“Y ese verdadero, ese verdadero de la relación directa de lo real con lo real, está particularmente en su lugar en la clínica del niño, esta clínica en que tomamos la idea de lo que los Lefort designaron bajo el título de El nacimiento del Otro”.

(...) los Lefort se esfuerzan por el contrario en mostrar precisamente cómo el Otro se construye a partir del Un-cuerpo.

(…) por otorgarle en su clínica un privilegio al Un-cuerpo, fueron llevados a ubicar esta clínica bajo el rubro del autismo. Hicieron del autismo una categoría del mismo nivel que la neurosis, la psicosis, y la perversión”.

Miller, J.-A., “El sintagma partenaire-síntoma”. En: El partenaire-síntoma, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2008, pp.18

“Aquí entonces, de todos modos, cuando se trata del Fort-Da hay igualmente un uso. El niño hace un uso de ese objeto y hay que suponer que se encuentra ahí implicado cierto saber arreglárselas con ese objeto. Después de todo, en el vacío dejado por la ausencia de la madre, ese niño, ese pequeño, inventa algo, se apropia de algo que está a su alcance para desviarlo de su uso, para utilizarlo, para deslizar allí su satisfacción. Aquí tenemos, aquí se presenta, un uso con su margen, y para que un uso pueda ser considerado como tal es siempre necesario que exista este margen donde se puede o no "saber arreglárselas con".

Miller, J.-A., “El lenguaje, lalengua y la palabra”. En: Extimidad, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2010, pp.415

“Si uno se fija en lo que es la pregunta infantil, la pregunta nunca satisfecha, la pregunta que siempre puede reanudarse, esta testimonia el proceso interminable en el lenguaje. La pregunta del niño testimonia la distancia que el sujeto puede tomar –así lo expresa Lacan– respecto de todo uso del significante. Y el Otro responde. ¿Cómo puede responder el Otro de la palabra sino con palabras? Desde esta perspectiva, no hay salida. No se puede salir, pero no es que la palabra sea un espacio cerrado. La palabra es un espacio abierto, solo que no tiene exterior, a menos que este se plantee en su interior mismo. No tiene exterior, es decir que a la palabra responde la palabra. Lacan lo traduce por el hecho que en el campo del lenguaje es posible imaginar que hay metalenguaje. Lo imaginamos, de un modo general, a partir de la escritura. Solo cuando hay función y campo de la escritura y del lenguaje, se puede hacer semblante de metalenguaje. Sin embargo, a nivel de la palabra no hay metapalabra. En este sentido, la función que Lacan llama de la buena fe del Otro es insuperable. Solo si se admite la buena fe del Otro, habría una metapalabra. En el análisis, a menudo funciona como metapalabra el corte de la sesión. Después de este, no se discute más. Se sabe bien que luego el asunto siempre se renueva, pero, en fin, este corte de la sesión hace como si la buena fe del Otro estuviera planteada”.

Miller, J.-A., “El realismo del pase”. En: El Otro que no existe y sus comités de ética, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2005, pp. 205

“En “Duelo y melancolía, Freud nos recuerda que en la melancolía el sujeto tiene acceso a una verdad insoportable y se pregunta porqué debe enfermarse para saber verdades que son tan evidentes”.

Miller, J.-A., “El culto de lo nuevo”. En: El Otro que no existe y sus comités de ética, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2005, pp. 327

“Por eso cuando en la experiencia analítica un sujeto testimonia que tiene un partenaire insoportable, el abecé de lo que el psicoanalista debe pensar… ¡Debe pensar..! (...) El abecé entonces cuando un sujeto testimonia y se queja de su partenaire es plantear que no por casualidad se juntó con un partenaire insoportable, que le procura el plus de gozar que le conviene y que hay que operar, si se quiere en este nivel”.

Miller, J.-A., “Clínica del Sinthome”. En: Sutilezas analíticas, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2011, pp. 95

“(…) adoptar el punto de vista del sinthome es saber que hay, que habrá lo que no cambiará, es un límite inaugural aportado al furor sanandi, es lo incurable inscrito en la puerta de entrada: ¡No sueñes con curar! ¡No te jactes de tus éxitos terapéuticos! ¡Mira lo que no cambia¡

Se pone el acento de que el análisis despeja lo incurable y que el sinthome singular es también una verdad singular que se expresa: Todo el mundo está loco, todo el mundo hace una elucubración de saber sobre el sinthome. La significancia es una elucubración de saber sobre su modo de gozar. Y el Nombre del Padre (…) es un nombre del modo de gozar, es el modo de gozar captado en su carácter universal”.

Miller, J.-A., “El traumatismo de la lengua”. En: Piezas sueltas, Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires, Paidós, 2013, pp. 50

“Digamos que en un psicoanálisis nos aliviamos. Nos aliviamos en la medida en que aprendemos a leer el acontecimiento de cuerpo. Pero es realista reconocer que siempre tropezamos con lo ilegible. Se puede decir que es porque el análisis no duró lo suficiente. Después de todo, a menudo es cierto, pero por más que dure diecisite años, como la gestación de Finnegans Wake, sigue habiendo algo ilegible, pues no hace más que reproducir el traumatismo inicial. En un psicoanálisis, todo lo que leemos converge en algo ilegible que circunscribimos, que ceñimos, que aislamos. Para obtenerlo, para llegar a eso, te aspecto, el real de Lacan es un negativo de lo verdadero, por cuanto ese real no está enlazado a nada, está separado de todo, incluso de todo todo; no tiene leyes, no obecede a sistema alguno, y condensa el hecho puro del traumatismo”.

Miller, J.-A., “El Niño y El Saber”. Los miedos de los niños, Buenos Aires, Paidos, 2017, pp. 22.

“La cuestión es saber, en relación al niño, con qué significantes amos quedará marcado cuando los poderes se disputan entre sí. Para que el sujeto pueda recibir una marca identitara, en todos los caso es preciso que el goce del niño sea descompletado, ya sea que sufra una pérdida o que se realice una ablación. Es la operación principal del saber-semblante. Nadie duda cuando esa operación se encarna en una práctica como la escisión. Esta revela que en realidad todo saber comparta una escisión, que resulta en una ablación sobre el niño, el que exige su consentimiento a esta pérdida”.

Miller, J.-A., “¿Cómo rebelarse?”. Bitácora Lacaniana, Revista de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL, Nº8: Grama, Buenos Aires, 2019, pp. 13

“Si busco el resorte de la rebelión, lo que me viene, lo que creo percibir, es que se trata de un encuentro inesperado, azaroso, que sorprende al sujeto: el encuentro de un insoportable de soportar”.

(...) “¿quienes recurren a un psicoanalista sino aquellos que se enfrentan con un imposible bastante intenso y virulento de soportar? Eso es lo que se necesita para romper con la inercia de toda paciencia, ya que la paciencia quiere decir: “lo que se soporta”. Luego en un momento dado, encontramos lo imposible de soportar que se vuelve de una incandescencia tal que los empuja a dirigirse, como se dice, a pedir un analista.”

“(...) ese imposible de soportar se encuentra en el interior de uno mismo”.

Miller, J.-A., El Ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 11.

"¿Como entender este traumatismo? Con simplicidad, a saber, que el descubrimiento de Freud agujerea el discurso universal (...) "la enseñanza de Lacan", consiste en su totalidad en una respuesta a ese agujero o traumatismo."

"Lacan lo dice en la pág. 128 acerca del enunciado de lo real bajo la forma de forcejeo de una nueva escritura, la de los nudos: El enunciado de lo real bajo esta forma tiene el valor de un traumatismo".

Miller, J.-A., El Ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 78-91.

"Para Lacan, la idea de lo real no atañe a la comunicación, e incluso duda de poder comunicarla. En realidad es en los márgenes de su discurso o de sus respuestas a las preguntas donde enriquece esta idea de lo real. (...) esta idea de lo real hace traumatismo, lo que significa que instala un agujero. (...) esta idea de lo real hace agujero, y Lacan agrega, (...) es el forzamiento de una nueva escritura". (p.78)

"La hipotesis lacaniana es que el inconsciente está sostenido por el hecho de que no hay Otro del Otro, que siempre está la existencia de este agujero. El Otro puede plantear una verdad y siempre puede haber un Otro que verifique o rechace esta verdad, pero nunca hay un Otro definitivo". (p.91)

Miller, J.-A., El Ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 162.

"(...) la neurosis no es tanto un fenómeno del Uno sino el resultado de la sumersión del Uno en la esfera del Otro, en particular en el seno de las relaciones de la familia".

Miller, J.-A., El Ultimísimo Lacan. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 222.

"Es el valor que le dió a los gestos del niño escandidos por el Fort-Da, que Freud había recortado en su observación del niño. Lacan hace de ese Fort-Da el emblema, el mito de la entrada del individuo en el orden simbólico ya presente".

Miller, J.-A., El partenaire-síntoma, Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 90.

"Reflexionando, podríamos decir que es posible definir el fantasma, a partir de aquí, (...) "lo que impide saber arreglárselas con el síntoma".

Miller, J.-A., El partenaire-síntoma, Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, pp. 153-161.

"[…] Pero más allá, la demostración simple de Lacan es que la demanda comporta en sí misma su propia superación. La demanda de satisfacción de la necesidad no puede sino ir más allá de ella misma en la medida en que depende de la respuesta del Otro, de aquel que tiene, de aquel que está en condiciones de satisfacer las necesidades. Por lo tanto, esta respuesta vale en un primer nivel como la satisfacción de la necesidad, pero en un tiempo suplementario que debemos agregar como una especie de génesis estructural, la respuesta del Otro vale finalmente en cuanto tal como satisfacción, independientemente incluso del don de la sustancia que satisface la necesidad". (p.153)

"En efecto, Lacan se dedicó en un primer momento a hacernos legible lo que quiere decir el Edipo, o el funcionamiento del Edipo como estructura. Lo hizo de manera extremadamente simple y eficaz […] en términos de una metáfora en donde el Nombre del Padre significante suplanta a la madre, concebida para las necesidades de la causa, hay que decirlo, como significante. Ustedes saben cómo procede Lacan para la significantización de la madre para poder hacerla entrar en la metáfora. Dice: finalmente no solo se trata de la madre que dice sí o no a la demanda, sino de la madre que está o que no está, aquella cuyos movimientos son reproducidos, significantizados por el Fort-da; la madre en tanto que va y que viene, que está presente o que está ausente, por lo tanto, se puede hacer de ella un significante, y este significante se ve sobrepasado, tachado, caído, por el efecto del Nombre del Padre". (p.161)

Miller, J.-A., El partenaire-síntoma, Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 199.

"[…] Si tomamos el ejemplo de Freud, el niño que se agita para obtener su satisfacción y que necesita que el otro se ponga en movimiento para alcanzársela, dado su estado de insuficiencia, de impotencia, de dependencia, nosotros, con Lacan, ubicamos en este lugar no directamente la memoria, la inscripción mnémica, sino la demanda, es decir que para nosotros es un dato elemental que la necesidad debe ser hablada. Es una

construcción más decisiva que la de Freud porque se apoya en la fenomenología de la experiencia, traduce lo que se manifiesta, de tal modo que Lacan expresó de entada que todas las necesidades están contaminadas por el lenguaje, es decir, por la demanda por el Otro a causa del cual esta necesidad se formula. En esta vía, a la satisfacción de la necesidad nosotros superponemos la satisfacción de la demanda".

Miller, J.-A., Extimidad. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 41.

"Con el nombre das Ding se sitúa la extimidad primordial, el primer exterior en el interior mismo del campo de las representaciones. En su empleo freudiano, las representaciones solo representan a través de sus representantes. Y en este nivel, según Lacan, la Cosa no está, está ausente, es extranjera. Hay una gravitación de estas representaciones, de lo que llamamos para simplificar significantes, en torno a la Cosa. Tenemos, pues, una imagen de la posición central de la Cosa, que es al mismo tiempo cerrada respecto de la gravitación significante".

Miller, J.-A., Extimidad. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, pp. 49-53.

"Digo racismo moderno porque se trata de un racismo de la época de la ciencia y también de la época del psicoanálisis. Resulta fácil constatar que en sus consecuencias técnicas la ciencia es profundamente antisegregativa, como indicaba hace poco en la televisión. Se sabe que se terminaron los monopolios de emisión y es algo sensacional, estamos al borde del final de los monopolios de transmisión. Esto, la aldea global, fue profetizada hace decenas de años. La ciencia es entonces antisegregativa en sus consecuencias técnicas pero porque su discurso mismo explota un modo muy puro del sujeto, un modo que puede llamarse universalizado del sujeto. El discurso de la ciencia está hecho para y por –potencialmente por– cualquier hijo de vecino que piense luego soy; es un discurso que anula las particularidades subjetivas, que las echa a perder. Se los ve gritar, rebelarse contra este efecto, hasta tal punto que, como decía la vez pasada, el significante está desubjetivizado. Está la vocación de universalidad de la ciencia, que en este sentido es ciertamente, si se quiere, antirracista, antinacionalista, antiideológica, puesto que solo se sostiene poniendo el cuantificador universal para todo hombre".(p.49)

"El psicoanálisis es, pues, solidario de este modo del puro sujeto, del sujeto desnaturalizado. Esta eficiencia del discurso científico explica aparentemente los resurgimientos actuales de los discursos de la tradición, como por ejemplo el ascenso del Islam. Es un recurso. Como el catolicismo, por otra parte, que también se recobra. Ocurre que estas tradiciones prescriben sobre lo que debe ser la relación sexual, y esto constituye la raíz de su potencia, de su eficiencia contemporánea en relación con el discurso de la ciencia. En este sentido, el psicoanálisis es heredero del sujeto -abolido o universalizado- de la ciencia. Puede decirse que es un sujeto especialmente perdido en cuanto a su goce, puesto que lo que podía enmarcar lo de la sabiduría tradicional fue roído, sustraído". (p.53)

[…]

No basta con cuestionar el odio al Otro, porque justamente esto plantearía la pregunta de por qué este Otro es Otro. En el odio al Otro que se conoce a través del racismo es seguro que hay algo más que la agresividad. Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro. Surge entonces la pregunta que es en todo caso a nuestra: ¿qué hace que este Otro sea Otro para que se lo pueda odiar en su ser? Pues bien, es el odio al goce del Otro. Esta es incluso la fórmula más general que puede darse de este racismo moderno tal como lo verificamos. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza".(p.53)

Miller, J.-A., Extimidad. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 233.

"Mientras otros preparan comentarios y preguntas, yo quisiera hacer una observación. ¿Cómo se introduce este asunto del goce en Lacan? Él lo introdujo más bien a nivel de la necesidad. El empleo mismo del término goce se refiere al uso de algo. En el vocabulario jurídico, el derecho de goce es un derecho de uso.

(...)Lo real es entonces el residuo de este análisis. La tripartición se presenta de partida. Así introduce Lacan la necesidad, incluso lo orgánico".

Miller, J.-A., Extimidad. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, pp. 262-263.

"El sujeto puede encontrarse inmediatamente privado de muchas cosas más. Puede verse privado, por ejemplo, de su capacidad para cautivar el eros del Otro. El sujeto bien puede no soportar, por ejemplo, no solo no ver al analista, sino que, más precisamente, no soporta no ser visto por él, y a menos que no lo sepa, no verse ser visto. Por supuesto, esta barra sobre la S puede traducirse en ciertos casos como no ser bello o bella; la barra puede implicar que sea preciso renunciar al atractivo físico. Se trata de un consentimiento que no necesariamente se da. Llegado el caso, hay sujetos que prefieren renunciar a la capacidad de hablar, antes que renunciar a la capacidad de seducir, de seducir por la forma. No necesito insistir para indicar qué estructura clínica. Puede estar sobre todo concernida en este sacrificio de lo decible antes que de lo visible".(p. 262-263)

Miller, J.-A., Los divinos detalles. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 17.

"¿Qué enseña el psicoanálisis sobre el amor? Y en particular, al hecho de que el partenaire está fundamentalmente indeterminado para el sujeto, lo que en Freud queda encubierto por el término bisexualidad. Cuando se trata de la indeterminación estructural del partenaire, el sujeto sólo puede encontrarlo dando un rodeo por la condición de amor. Al mismo tiempo, hay que decir que el sexo inconsciente tampoco está determinado, y por eso no sólo hablamos de sexo sino también de sexuación.

Miller, J.-A., Los divinos detalles. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 92.

"Los destinos sexuales que Freud enumera en la pubertad son los siguientes: 1) lo sexual encuentra la barrera contra el incesto, que Freud cree cultural, atribuida a la civilización y que lleva a que esta corriente de la sexualidad deba hallar objetos extranjeros, es decir, según sus palabras, no familiares; 2) si la corriente tierna permanece ligada en el inconsciente al Bild infantil- y en este caso Bild toma claramente el carácter de "fantasía"- , ocurre la impotencia absoluta; 3) puede suceder que esta corriente sensual logre emerger y abrirse camino en la realidad. Aquí podemos decir, siguiente el texto de Freud, que él mismo articula una oposición entre la fantasía y la realidad: pareciera que la corriente sensual puede permanecer ligada a la fantasía o bien desprenderse de ella para emerger en la realidad".

Miller, J.-A., Los signos del goce. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 81-82.

"Y en el psicoanálisis hay muchos Unos: tenemos el Uno del significante que, en realidad, según lo formula el estructuralismo no es ningún Uno, dado que por ser diferencial no obedece al principio de identidad".(p.81)

"Tenemos también, aunque menos evidente, el Uno del Otro. Y es que cuando decimos el Otro –con el artículo definido– implicamos cierto Uno en ese Otro. Como sostiene Platón en el Parménides, está en juego cierto Uno, cierto tipo de unidad, que valdría para el Otro y que abre la cuestión de saber si el Otro es o no un todo. Además, está el Uno de un significante distinguido. Éste, el tercero que enumero, es el Uno fálico, que merece ciertamente llamarse Uno puesto que en la construcción freudiana el falo es el mismo para los dos sexos; es, en términos de Lacan, un significante sin par. Tenemos, además –ya lo he mencionado–, el Uno de la relación sexual, aquel que toda una rama desviada del psicoanálisis presentó como el horizonte de la experiencia y que en Lacan es el Uno que no hay, lo que de ninguna manera impide que se lo denomine Uno, y Lacan no se priva de hacerlo. Finalmente, en quinto lugar, pondré el Uno de la identificación, ese uno que en el orden simbólico se llama, hablando en lacaniano, Unario". (p.82)

Miller, J.-A., Los signos del goce. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 97-149.

"Cuando decimos que la falta en ser es aquello a lo que el neurótico más se aferra, estamos indicando de qué manera la diferencia subjetiva en sí misma está libidinizada. Quizá, si completamos la escritura de la insignia $ con otra, -φ, que Lacan utiliza para traducir la libido freudiana, podremos situar la función de la castración de un modo más preciso".(p.97)

"La castración es una falta, y lo que evidencia la experiencia analítica es que el sujeto se aferra a ella. De aquí que el fin de análisis sea formulado como asunción de la castración, o sea pérdida de una falta, y que sin duda entrañe un sacrificio. Pero dado que ese sacrificio es sacrificio de una falta, trae aparejado un cambio de signo. Luego, asumir la castración significa sacrificar la falta en ser, es decir, lo más valioso que el sujeto del significante cree tener. Desde esta perspectiva la asunción de la castración pudo ser concebida por Lacan como destitución del sujeto. Encontrarán esta referencia en su texto sobre el estadio del espejo, donde propone para el final de análisis la fórmula 'Tú eres eso', que resume en una frase la destitución del sujeto en tanto que se realiza como objeto y la asunción de la castración como pérdida de la falta". (p.98-99)

[…]

En el fondo, la pasión del neurótico alcanzaría su coronación si éste pudiera hacer un significante amo con su falta en ser, es decir, si lograra ser justificado como injustificable. Esto se hace oír a veces en la expresión ¡Tómeme como soy! En esos gritos –que pueden ser sólo susurros- que manifiestan el pedido de que se le dé un estatuto a la falta en ser pero que, al mismo tiempo, no se la destituya. Lo que requiere del Otro es que reconozca, que autentifique, que certifique esta diferencia, que la llame de alguna manera; que sea una diferencia nombrada. La escritura $ à S1 permitió a Lacan indicar la exigencia de falta en ser de encontrar el significante amo y, también, de comandarlo. El neurótico se rehúsa encarnizadamente a abandonar esta exigencia hasta el final del análisis. Y es que se trata de obtener algo del Otro que pueda cubrir y vestir esa falta en ser".(p.98-99)

"La insignia permitió a Lacan trabajar la mutación del grito en llamado.

[…]

¿Qué diferencia hay en entre el grito y el llamado? El llamado supone al Otro. En cambio, el grito, en tanto secreción orgánica, prescinde de él, como si se concerniera solamente al organismo.

[…]

¿Qué se necesita para que el grito se convierta en llamado? Lo dije al final de la última reunión: se necesita el acuse de recibo del Otro. Podríamos decir que hace falta –y estaríamos entonces muy cerca de la fenomenología- el reconocimiento del Otro. Del lado del Otro el grito entraña de inmediato un Eres tú, un ¡Eres tú! Infinidad de anécdotas –que por cierto se las ahorraré- reflejan lo que sería el reconocimiento intuitivo, directamente simpático, del grito del niño por su madre, y establecen de la manera más simple, más reducida, el reconocimiento de la identidad del sujeto por parte del Otro".(p.110)

"La cuestión entonces es que por la recepción que le da el Otro, el grito bruto, el grito como trozo de realidad, deviene una significación del sujeto. A partir de la respuesta del Otro, a partir del significante del Otro, el grito tiene al sujeto como significación. De aquí que podamos llamar insignia a ese significante del Otro, a ese significante de la respuesta. Y si una insignia es o que lo califica es justamente porque está tomado de la realidad, porque es una porción de realidad que, respecto del grito, funciona como un significante".(p.111)

"La transformación del grito en llamado es operada por S2, el significante que hace emerger al sujeto allí donde su lugar original es una ausencia. No piensen, sin embargo, que hay una dirección única que sólo conduce a la emergencia del sujeto. Y es que también está en juego el nacimiento del Otro –expresión utilizada por nuestros amigos Lefort como título de una obra. Si la respuesta del Otro hace emerger al sujeto, es igualmente cierto que el grito crea al Otro; es decir que crea el espacio de resonancia.

[…]

El tema del nacimiento del otro implica, por el contrario, que el grito es el que produce al Otro en el cual se aloja. Como ven, nos rencontramos aquí con la inversión que señalaba a propósito de los índices. Sólo a partir del grito la falta de respuesta del Otro puede asumir el valor de una respuesta.

[…]

¿A qué llama insignia Lacan? A las "marcas de la respuesta" del Otro. La palabra marca conserva la idea del arraigo a la realidad que tiene el símbolo –"la realidad circunscrita por el rasgo del significante" es una expresión suya. Por eso, para definir esa función que nosotros indicamos con S2 –y en la que él reconoce el ideal del yo freudiano– utiliza expresiones tales como 'constelación', 'marcas de la respuesta'. A mí me pareció interesante agregarles el índice del saber. La constelación designa entonces el conjunto de las marcas que permiten la representación significante del sujeto". (p.113)

"Hace poco hablé de la orientación hacia la insignia y dije que era contraria a la orientación lacaniana de la dirección de la cura, que nos conduce a un lugar distinto de ese 'más bien se complacerá '. Es que si hay un lado en el que el sujeto se complace, hay otro que le desagrada. Y la orientación lacaniana lo conduce hacia el lado en que no puede verse como quiere ser. El sujeto se complace allí donde maneja el resorte de la identificación de modo de obtener el espejismo que más le conviene. Es el lado desde donde maneja las insignias del Otro para obtener un yo a su agrado.

[…]

La orientación lacaniana está más bien del lado que disgusta al sujeto; es decir que conduce al otro lado, no hacia la insignia sino hacia donde el sujeto tiene que reconocer su vacío como la Cosa más próxima –los remito a la página 658 de los Escritos. He aquí una primera manera de decir que para el sujeto se trata de atravesar el fantasma y de circunscribir, más allá del rasgo significante, lo que es como objeto a. Esta orientación de Lacan, que es constante desde el comienzo de su enseñanza y que implica una doctrina del final de análisis, requiere el franqueamiento del plano de la identificación, que se opone la orientación hacia la insignia". (p.117)

[…]

La identificación que cuenta, la que comanda, no es del orden de lo observable sino de lo deducible; es más bien de orden lógico. Así pues, se trata de captar en lo que el sujeto dice desde dónde se identifica. Vemos surgir entonces los diferentes espejismos que el sujeto muestra y comenta en el análisis. La sentencia de Lacan "Tú no me ves desde donde yo te miro" subraya, justamente, esta separación".(p. 121)

"Noten que, según esto, el ideal del yo es una identificación. Y es que es verdad que de alguna manera yo estoy donde me veo, donde está mi imagen. El estadio del espejo representa, en efecto, este nivel. Pero yo también estoy allí desde donde me miro. No tendría sentido que el pivote de las identificaciones no fuera, a su vez, una identificación. Sólo que, evidentemente, se trata más de un ideal del sujeto que de un ideal del yo".(p.124)

"Esta decantación consiste en percibir que el sostén de toda identificación es en el fondo el llamado al Otro, la demanda de un consentimiento o, al menos de una respuesta. Porque cuando del Otro se reciba un no, sigue siendo un acuse de recibo; es decir que es un , un tú eres mínimo.

[…]

Esta decantación –que no se distingue de la operación analítica- permite ver que, independientemente de lo pueda describir una identificación, lo que habita en su corazón es un llamado al Otro". (p.135)

"Y dado que toda identificación imaginaria es virtualmente identificación con la significación fálica, Lacan dirá que la neurosis es querer ser el falo. Así pues, la identificación del sujeto es la identificación imaginaria con el falo, y esto conduce a Lacan a considerar que esta identificación es destruida por la intervención simbólica representada por el Nombre del Padre. Luego, Lacan designará esta intervención como el punto de basta –a la derecha, en el esquema- donde la identificación siempre virtual con el falo es destruida por la intervención simbólica. Aquí el operador de la intervención simbólica está planteado como el Nombre del Padre, y el yo –afirma Lacan- se hace entonces elemento significante. En este lugar designa el ideal del yo, que significantiza un elemento tomado del registro imaginario y de la realidad. El ideal del yo es una significantización del yo, es lo que vendría a decir que la mutación significante es la del propio yo".

[…]

Pues bien, uno puede emplear este método respecto de la palabra constelación, que indica que estamos nuevamente ante el problema de hacer concordar dos tesis: en primer lugar, el estatuto significante de la insignia y, luego, el hecho de que se trata de un significante suelto, en el mismo sentido en que lo es el falo". (p.137)

"Aunque sin duda hay un estatuto de la identificación que sí lo es. Esta identificación –que puede abreviarse S1-S2- es una articulación. Pero la primordial, es que Lacan intenta abordar a partir de la insignia, no es una representación. Y para referirse a la posición de sustancia que en esta identificación conduce al sujeto a creer que no está articulado con nada, que es Uno solo, introduce el concepto hipóstasis del sujeto." (p.149)

Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 205.

"Pero el rasgo de su exposición que me parece saliente, el centro de atracción de su discurso, es lo que llama: lo real por descubrir en la experiencia, que caracteriza como punto de inercia total, le asigna la expresión muerte súbita, y es verdaderamente el producto del horror. Para ilustrar este real, usted se remite a "Duelo y melancolía", de Freud, esto es, a la noción de una verdad insoportable".

Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 336.

"Freud descubre esto obsoleto que se presenta de manera siempre intempestiva, que desordena las coordenadas temporales. Y si hay alguién que llegó hasta el fondo de lo desconocido, fue él, aunque no para encontrar lo nuevo ni lo falso nuevo de la producción comercial contemporánea, sino algo que él mismo marcó con el rasgo de lo infantil, lo antiguo en el desarrollo de un individuo y la cultura…".

Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 458

"Del lado $ es la levedad del ser, la insoportable, como dijo alguién, levedad del ser, es decir, por supuesto, la insoportable levedad de la falta en ser. Y esta levedad vale también para el sujeto del deseo, que es muy vivo, ya que el deseo no es más que la metonimia del goce".

Miller, J.-A., Sutilezas analíticas. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2011. pp 35-62.

"Pertenece a la esencia del hombre enfermo, hay una falla esencial que le impide estar completamente sano" (…) De esta experiencia inferimos que nadie puede estar en armonía con su naturaleza, sino que en cada uno se profundiza esta falla (…) por ser pensante.

(…) su esencia es no coincidir con su ser, que su para sí se aleja de su en si. Y el psicoanálisis dice algo de este en sí, dice que este en sí es su gozar, su plus de gozar (…) alcanzarlo sólo puede ser el resultado de una severa ascesis. Así pensaba Lacan la experiencia analítica, como el acercamiento, por parte del sujeto, a este en sí. (…) que pudiera elucidar el plus de gozar en que resiste su sustancia. Lacan creía que la falla vuelve que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esta enfermedad era irremediable, que nada podría colmar ni curar la distancia entre sexo y otro, que cada uno, como sexuado, está aislado de lo que siempre quiso considerar como su completo. La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de terapéutica como retorno a la salud mental". (p.35)

"No hay relación sexual: se trata de una verdadera forclusión del significante de La mujer, y esta forclusión- que no haya concepto universal de La mujer- justifica la proposición de Lacan todo el mundo está loco. En este nivel se justifica; es decir que sobre este tema, el de la mujer y la relación sexual, cada uno tiene su construcción, cada uno tiene su delirio sexual. Entonces, más específicamente, todas las mujeres son locas, según Lacan, en la medida en que, al faltar un concepto universal de femineidad, ellas no saben quiénes son. Pero agrega que ellas no están locas del todo, dado que saben. Los hombres, en cambio, saben, creen saber lo que es ser un hombre y eso no se hace más que en registro de la impostura". (p.62)

Miller, J.-A., Sutilezas analíticas. Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2011. pp 88-89.

"Un S1 azaroso se articula con un S2 y eso produce un efecto de sentido articulado. El azar cobra sentido. Se trata de una operación casi invisible. Debe hacerse un esfuerzo de discernimiento para percibir esta mutación, donde el sentido se insinúa en la contingencia.

Y a menudo - por no decir siempre- cuando un axioma se despeja, nos damos cuenta de que le había sido endilgado al sujeto en su infancia, en un momento especial de disponibilidad y de apertura, por alguien de su familia, o de lo que funcionaba como tal, y que el sujeto que habla es también un sujeto hablado. De ahí que el neologismo parletre, un ser hablado hablante. (…) el parletre es el conjunto de esta articulación: no es el sujeto, es el sujeto y la articulación y el producto de la articulación. Esta articulación S1-S2 no es necesariamente la suya, por el contrario, es (..) la del Otro".

 

Referencias Eric Laurent

Laurent, É., “Las nuevas inscripciones del sufrimiento del niño”. En: Stoiza, Etel, Psicoanálisis con niños y adolescentes: lo que aporta la enseñanza de J. Lacan. Grama, Buenos Aires, 2007, pp. 37-48. Disponible en: http://blogalmadia.blogspot.com.co/2008/09/las-nuevas-inscripciones-del.html

Es a partir de esto que podemos descifrar la manera en la que Lacan situó la cuestión de la inscripción de goce del niño, a la vez síntoma y fantasma de la familia. De entrada, Lacan interrogó las relaciones del mito del Complejo de Edipo y del complejo de castración sirviéndose del otro gran mito freudiano: el de la pulsión. [p. 42]

Mientras que Freud abordó al niño a partir del Ideal, los desarrollos sucesivos de Mélanie Klein, Winnicott y Ferenczi abordan el niño en tanto objeto. El acento está puesto sobre el niño tomado no en un Ideal, sino en el goce, el suyo y el de sus padres. Es lo que Lacan resume con el objeto a. [p. 45]

Laurent, É., “¿Qué es un Psicoanálisis Orientado hacia lo Real?” Disponible en:
http://www.jornadaseol.com/026/index.php?file=lecturas/textos-de-orientacion/que-es-un-psicoanalisis-orientado-hacia-lo-real.html

“Los juegos del goce están articulados en el circuito pulsional y en el fantasma. En este aspecto, el fantasma se presenta como un aparato, un aparato de goce que organiza este goce, que da a la sustancia gozante una ley. Podemos distinguir entonces no sólo entre corte y objeto a, sino que entre lo que del goce puede entrar en la ley del fantasma y lo que no puede entrar. A partir de allí, surge una cuestión. ¿Hasta qué punto, en su uso fundamental, el fantasma puede efectivamente organizar el goce?

Abordar la práctica del psicoanálisis a partir de la dimensión de la no-garantía en su dimensión radical, nos hace tomar en consideración aquello de la sustancia gozante que no se articula ni en el circuito pulsional, ni en el aparato del fantasma. Esto es lo que, del goce, permanece no negativizable y no se comporta más que como una casi-letra en su iteración.”

Laurent, É., Un nuevo amor por el padre, Freudiana: Revista psicoanalítica publicada en Barcelona bajo los auspicios de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Nº. 53, 2008, págs. 95-111. También en: La Lettre en ligne 31.

“Algunos pueden soñar con un mundo pre edípico, pero de hecho vivimos todos en un mundo post edípico en el que coexiste el amor neurótico por el padre, la perversión -père-version- paterna y el rechazo más o menos generalizado de los padres. Si ese mundo puede definirse por su incredulidad respecto al padre, está definido ante todo, pero après coup, por su relación a la garantía paterna. Es sin garantía, pero hay imposibles”.

Laurent. É., “Del lenguaje público al lenguaje privado, topología del pasaje”. (Intervención en Comandatuba). Disponible en: http://www.wapol.org/destacados/destacados.asp?ecos/intervenciones/dellenguaje.html

“El objeto (a), por su topología propia, reinscribe al sujeto en el Otro a través de su particularidad. Le da al sujeto la clave de su inscripción entre los significantes, entre los signos. El goce que corre metonímicamente ya no es ignorado por ese sujeto. Encuentra su lugar de jouis-sens en el espacio público. La articulación de ambos campos, el público y el privado, pasa entonces por el uso singular de la instancia de la letra para deshacer las unidades de significaciones recibidas y hacer escuchar una lectura singular de los significantes que nos son propuestos como “prêt-à-porter”.

Laurent, É., “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, Freudiana. Revista psicoanalítica. N° 84, Agosto-Noviembre 2018, pp. 125-139. Disponible en: http://www.revistavirtualia.com/ediciones/36

Al final del recorrido, la sugestión es devuelta a su fundamento primero: el impacto del significante sobre el cuerpo, que permite cierto tratamiento de la disrupción de goce, su atemperación en una homeostasis gracias a la auto-elaboración de una ficción no estándar. En esto reside la importancia de la definición que Lacan da del fin del análisis en las conferencias norteamericanas de 1975. “Un análisis no debe ser llevado muy lejos. Cuando el analizante piensa que está feliz por vivir, ya es bastante”. Lo que hay que entender es que esta felicidad de vivir, esta satisfacción, es una satisfacción del Uno. [p. 136]

Laurent, É., “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”. Disponible en:
http://www.enapol.com/es/template.php?file=Argumento/Hablar-con-el-propio-sintoma_Eric-Laurent.html

“Lacan dice: “Freud llegó en una época en la que captó que ya no quedaba más que el síntoma que interesaba a cada uno”, que todo lo que había sido sabiduría, modo de actuar, o incluso justamente representación bajo una mirada divina, todo eso se alejaba; quedaba el síntoma en cuanto que interroga a cada uno en lo que viene a perturbar su cuerpo. Ese síntoma, en la medida en que es presencia del significante del Otro en uno mismo, es marcación, corte. En ese lugar se produce el surgimiento traumático del goce. Freud, a partir del síntoma histérico, reconoce la vía en la cual se impone la perturbación del cuerpo que, mediante las palabras, llega a reseccionar, a marcar las vías por las cuales adviene el goce.”

Laurent, É., “El niño y su madre”, Bitácora Lacaniana, Revista de la Nueva Escuela Lacaniana-NEL, N° 7, Octubre 2018, pp. 291-299.

“Enfrentado a la presencia del Otro, el sujeto da una respuesta que es un efecto de significación (s(A)), punto en el que Lacan sitúa el síntoma. Y de algún modo se puede decir que el niño, o mejor el síntoma del niño, viene como respuesta a la cuestión que plantea este enfrentamiento con el Otro. Pero, ¿en qué sentido? ¿De qué Otro se trata en este caso? Es un Otro que incluye el segundo plano del esquema: S(A/ ), significante de la falta en el Otro. El niño viene a contestar con este efecto de significación a la falta en el plano superior, falta de un significante, y entonces produce esa respuesta”.

Laurent, É., “Niños en análisis”, entrevista realizada por Silvia Elena Tendlarz. Disponible en: http://www.silviaelenatendlarz.com/index.php?file=Entrevistas/Como-entrevistadora/87_Entrevista-a-Eric-Laurent.html

No hay diferencia entre el análisis niños y adultos porque cualquiera sea la edad, el sujeto desde el inicio está estructurado de la misma manera. Esto significa que el manejo de la lengua no tiene nada que ver con la estructuración del sujeto como estructurado por el significante. En la concepción lacaniana, el hecho de que el niño hable, hable muy poco o hable de manera fragmentada, no le impide estar ubicado en el lenguaje como tal. Asimismo, aun cuando haya un decir del niño sin palabras, éste está estructurado como un decir. Es precisamente porque Lacan ubica de manera radical al sujeto en el lenguaje lo que permite abordar al niño de la misma manera. (…) La posición radical de Lacan de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje permite considerar que hable o no, el sujeto está completamente definido por su ubicación en la lengua.

Laurent, É., “Se habla del cuerpo”, entrevista realizada por Bernard Jothy, Traducción: Lorena Buchner. Disponible en: http://psicoanalisisinedito.com

“El cuerpo, al mismo tiempo que se anota como conjunto vacío, es el lugar del Otro, la superficie de inscripción del goce como agujero. El goce mismo no es inscribible de otro modo que mediante los agujeros. Por eso, Lacan toma los términos de im-pacto, de trouma, de anotación de lo que hace agujero sobre la superficie. Este agujero con bordes es lo que permite retomar, en una lógica a la vez más complicada y más precisa, lo que era la zona erógena freudiana, que Lacan muy tempranamente redujo a una lógica de borde. Pero es mucho más preciso captar el goce a partir del trouma o de la inscripción de agujeros como recorridos sobre una superficie, que partiendo del S barrado para luego complicarla con el pequeño a. Luego, con los nudos, se tiene una anotación más exacta para situar una cierta manipulación posible de esta lógica gozante”.

Laurent, É., “El cuerpo entre vacío y exceso”. El reverso de la biopolítica”. Olivos, Grama Ediciones, 2016, pp. 27-48

Entonces el cuerpo deja de ser el simple efecto de superficie, que cautivaba a Deleuze, para convertirse en la superficie de inscripción que soporta el objeto a; captemos bien la consecuencia que de ella se deriva, a saber, que este efecto -al que Lacan da un lugar: la superficie del cuerpo- no se inscribe sobre o en, sino fuera del cuerpo; y es así como el fuera-del-cuerpo puede articularse con el cuerpo. [p. 40]

La forma en que se manifiesta el pasado en la repetición [en la concepción de Lacan] esta invertida, porque parte del lugar vacío -que no puede ser “suturado”- que es el sujeto en la trama de la historia, para inscribir allí el Uno de la repetición. [p. 44]

(…) Este lugar fuera y articulado con los bordes erógenos del cuerpo permite evitar los errores naturalistas acerca de la inscripción de las huellas de goce como una especie de proto -o de post- letra de goce. Serge Leclaire se dejó arrastrar a una naturalización así de la inscripción del objeto a sobre el cuerpo, evocando una especie de huella primitiva dejada por “el dedo erógeno” del cosquilleo de la madre en el cuerpo del niño”.

Laurent, É., La pregunta de la época es: ¿Qué vas hacer hoy para gozar más? Entrevista realizada por Héctor Pavón, http://www.blogelp.com/index.php

[…] el discurso amoroso se modifica a medida que algo de lo real se desplaza en la civilización. El goce es la palabra que designa el hecho. Alude al hecho de que para el sujeto parlante la experiencia del placer siempre incluye un más allá del principio de placer, como decía Freud. Es decir, uno se engancha con algo y puedo incluso pasar a una adicción con la comida, el sexo, el trabajo, la tele, la pantalla, el juego. Un modo de adicción que va mucho más allá del placer. Y es esta zona que designa el goce. […] Al tener que decidir qué va a hacer para que su vida tenga más placer y más goce, se desplaza el discurso amoroso que se vuelve una barrera contra los excesos del goce.

Laurent, É., "Parejas de hoy y consecuencias para sus hijos", Carretel, Revista de la Diagonal Hipanohablante Nueva Red Cereda, N° 2, Madrid, 1999, pp. 91-21.

[…] podemos decir que existen dos niveles: el de la sincronía, en el cual el inconsciente ignora el tiempo, (ya que en el ámbito de la sincronía no es el tiempo lo que hay que considerar) y el de la diacronía que, por el contrario, produce cortes significativos, introduciendo elementos nuevos en la estructura. No es ninguna barbaridad decir que, en la perspectiva freudiana, al mismo tiempo encontramos un inconsciente que ignora y reconoce la historia, es un producto de la historia, es una acumulación. La figura del sedimento, tomada de la Arqueología, es central en Freud, quizás debido al éxito que la Arqueología tuvo en su época al verificar la veracidad de los textos -desde el descubrimiento de Troya y de otras ciudades- y que no habían sido comprobados hasta entonces. La meditación sobre el pasado como objeto perdido del cual hay que recuperar un sentido, fue central en obras que gustaron a Freud, como la de Burckhardt, por ejemplo. [p. 10]

En esta perspectiva, no podemos decir hay padre, luego hay neurosis, más bien hay neurosis, luego hay padre. La manera de verificar la existencia del padre en la estructura es con la existencia de la neurosis, y es la existencia de la neurosis la que nos permite decir entonces hay un padre, porque se necesita en la estructura de la neurosis la creencia en el padre.

Este objeto padre, no es ya exterior y garantía como deducción de la experiencia misma del inconsciente en una cultura dada. Si existe neurosis, entonces existe la función del padre. Si existe psicosis también, porque el no-funcionamiento del padre implica esta presencia, hace ver lo que sería lo inverso. La perversión, por supuesto, supone el goce fálico que viene en lugar de la función paterna como garante. La exigencia del pene en el partenaire viene al lugar de un broche que da una garantía a la circulación del goce en la homosexualidad masculina. [p. 17]

La única manera de pasar del padre, de liberarse de la vater sensucht, no es creer que el padre no existe y que solo cuentan las madres o los hermanos, es inventar un uso del instrumento, reducirlo al padre pragmático, con todo el abanico de lo que es un instrumento. Hay instrumentos más instrumentos que otros o más reducidos a instrumentos, pero sea San José, que es el instrumento típico, sea el hombre que pueda hacer de la mujer la causa de su deseo y ser el padre que produce respeto, esto mismo es un instrumento.

Esta perspectiva es la que tenemos que investigar una y otra vez en las curas: qué uso se hace de ese instrumento paternal, es decir, el instrumento de broche de goce. [p. 21]

Laurent, É., El pequeño Hans y su hacepipi. Entrevista realizada por Jacques Munier, http://www.fort-da.org/

"Freud, en 1905, publica sus "Tres ensayos de teoría sexual". Allí muestra cómo estas perversiones, eventualmente terribles, clínicamente observadas en los adultos en las condiciones de medicina legal, existen como posibilidad en cada uno. Las mismas existen en el niño en un estado volátil, no fijo, lábil. Encontramos allí la tesis que Freud formulará en otro lugar bajo la forma: la ontogénesis recapitula la filogénesis. Lo que encontramos en algunos debe tener una cierta relación con la especie. En el niño encontramos elementos, dice Freud, de homosexualidad, de sadismo, de masoquismo, de voyerismo".

[…]

"[El caballo]Es entonces un objeto que pertenece a la vez al interior y al exterior de su mundo de juguete. Él mismo por otra parte hacía "caballito" sobre la niñera desde que él puede. Vamos a ver hasta qué punto este objeto fóbico, este objeto de sustitución, es un objeto que le permite al sujeto plantear preguntas sobre lo que le interesa. En este sentido, es un objeto lógico. Es un objeto por el cual se trata de poner en forma su angustia".

[…]

"El tratamiento [del pequeño Hans] puede ser presentado como el pasaje de todo este imaginario que parte de los caballos que muerden hasta una construcción simbólica y teórica. Bajo la palabra de teoría infantil, hay un mundo simbólico que se abre. Es esto a lo cual el niño nos lleva si lo seguimos. Centrarse demasiado sobre el síntoma a tratar en tanto comportamiento es una visión que deja de lado todo el campo de lo que se encuentra detrás. … Es precisamente haber aliviado suficientemente de su sufrimiento a alguien para que pueda tratar de manera creativa lo que habrá de encontrar más tarde como reformulación de su dificultad frente al drama esencial que lo trajo al mundo".

Laurent, É., El tratamiento de la angustia postraumática: Sin estándares, pero no sin principios. El psicoanálisis, Revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, N° 7, Barcelona, 2004.

"En el borde del sistema del lenguaje, un cierto número de fenómenos clínicos responden a la categoría de lo real. Esos fenómenos están a la vez en el borde y en el corazón de ese sistema del lenguaje. El trauma responde a una topología que no está hecha simplemente de un interior y de un exterior. El trauma, la alucinación, la experiencia de goce perverso, son fenómenos de los que se puede decir que tocan con lo real. También el neurótico experimenta momentos de angustia que le dan una idea de esos fenómenos y que le arrancan de su tendencia a considerar la vida como un sueño."

Laurent, É., "Seis puntos para la hora H". Lacaniana, Revista de psicoanálisis de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 15, Buenos Aires, Grama, pp. 97

"(…..) El síntoma es un cercamiento del trauma inédito. Es lo que se produce cuando uno se acerca a `lo que no cesa de no escribirse ́. Desborda las categorías. Este desborde que hemos tratado de aislar, teniendo en cuenta, por supuesto, los tres ejes de la clínica, de lo epistemológico y de la política. Es otra manera de decir que estamos en la exploración de lo que queda velado en estas tres dimensiones bajo el velo del fantasma, de los sueños (incluso los llamados "sueños finales"), de las pesadillas; fronteras que son permeables."

Laurent, É., La interpretación ordinaria,
https://psicoanalisislacaniano.com/la-interpretacion-ordinaria/

"También puede ser el caso de un niño psicótico que tiene tres elementos: una cubeta, agua y golpearse. Se toma un elemento en la serie: la cubeta. Se lo toma por la mano, se lo lleva cerca del agua, se lo llena, se lo vacía, y después se lo ve llenarlo y vaciarlo de manera incesante. Y después, se pone una segunda cubeta, una tercera, y se les pone una dentro de la otra. A partir de significantes aislados, se construye una serie. El método es el mismo: se extrae un elemento que hace parte de la cadena de goce del niño. Eso puede ser su mirada esparcida delante de la ventana. Ahí, algo sucede entre la ventana y él, tratamos de extraer la mirada, de poner la mirada en función.

La puntuación consiste en obtener algo como un apaciguamiento. Las construcciones más inverosímiles y las más inventivas que hacen los sujetos psicóticos se sostienen mediante equilibrios donde el cuerpo está implicado. Es lo que intentamos obtener de múltiples maneras."

Laurent, É, Acerca del cuerpo hablante. Entrevista realizada por Marcus André Vieira.
http://ampblog2006.blogspot.com.co/

"En efecto, la experiencia psicoanalítica no es una experiencia que apunte a la ataraxia, que permitiría "extraerse de sus pasiones", como nos lo proponen las "sabidurías". No es la vía de la sabiduría, es la vía que permite aproximarse con la mayor precisión a lo que es la verdad del modo por el cual experimentamos las pasiones que nos marcaron y que nos siguen marcando, las experiencias de goce que el cuerpo gozante experimentó".

Laurent, É., El revés del trauma. Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, año II, N° 6, Julio 2002,
http://www.eol.org.ar/virtualia/006/default.asp?notas/elaurent-01.htm

"El psicoanalista puede entonces calificarse como un trauma "suficientemente bueno", porque él "empuja" a hablar. ¿Cómo osar enunciar una semejante proposición? Es decir, lo mismo que una persona me confió aquí mismo, en Nueva York: el 11 de septiembre tuvo la consecuencia sorprendente de desplazar los límites del discurso. Nos pusimos a hablar con gente con la que no hablábamos y de cosas de las que no hablábamos. Miembros de una familia que se habían tornado desconocidos uno respecto al otro, se han reconciliado; se han creado lazos nuevos. En este sentido, el analista es un partenaire que traumatiza el discurso común para autorizar otro discurso, el del inconsciente. No es el analista como "héroe hermenéutico", es más bien el que sabe que el lenguaje, en su fondo más íntimo, queda fuera de sentido. Sabe que "el lenguaje es un virus" como lo dice el título de una canción de la performing artist Laurie Anderson".

Laurent, É, El traumatismo del final de la política de las identidades.
http://identidades.jornadaselp.com/textos-y-bibliografia/texto-de-orientacion/el-traumatismo-del-final-de-la-politica-de-las-identidades/

"Creerse uno es una ilusión, una pasión, o una locura según las diferentes formas en las que Lacan ha podido nombrar el narcisismo. Desde 1946 y su texto sobre la "causalidad psíquica", Lacan lo señala: "Las primeras elecciones identificatorias del niño […] no determinan otra cosa […] que esa locura gracias a la cual el hombre se cree un hombre". Creerse uno es abordado en ese momento de la enseñanza de Lacan mediante lo imaginario y la pasión narcisista: "Esta ilusión fundamental de la que el hombre es siervo, mucho más que de todas las 'pasiones del cuerpo' en el sentido cartesiano, esa pasión de ser un hombre, diría yo, que es la pasión del alma por excelencia, el narcisismo, que impone su estructura a todos sus deseos, incluso a los más elevados". Lo que se opone a la pasión narcisista, como fundamento, es la dimensión de la causa, que atañe a la identificación. Fundada "en una forma de causalidad que es la causalidad psíquica misma: la identificación; esta es un fenómeno irreductible".

 

Referencias Otros Autores

Miller, J., “Presentación”. En: Miller, J-A y otros, Los miedos de los niños, Buenos Aires, Paidós, 2017, pp. 11.

“¿De qué se trata? De proteger a los niños de las buenas intenciones y varias prevenciones de las cuales son objeto en la actualidad… Al mismo tiempo, y a las pruebas me remito, se trata de afirmar el remanso y el momento oportuno que constituye el discurso analítico para aquellos niños que se confrontan a un real que los obstaculiza con dificultades aparentemente insuperables (…)

Como sus mayores, y sin duda más que ellos, muchos de estos niños no sabrían encontrar una salida frente a los embrollos de lo real sin dirigirse a quien se formó para responder y escuchar uno por uno a quienes se encuentran en este impasse. Los niños hoy se ven condenados a una de estas alternativas: resistir o ceder. De lo cual resulta la angustia asegurada para algunos, o las sujeciones de otros a nombre de “trastornos”, cuya enumeración, si no tuvieran resultados estragantes, daría risa”.

Aromi, A., Enjambres. Texto publicado en el boletín de las 49 Jornadas de la ECF , 1 julio 2019, La discordia entre los sexos a la luz del psicoanalisis. Sept 2019. Disponible en: https://elp.org.es/enjambres/?fbclid=IwAR2T4PAw8x16kopkE1_jBJXpizBPB_WrGiyMPmFzU4uMzci2VW-imz_HlN4

“El real del psicoanálisis: La no relación es el real del psicoanálisis. A no olvidar: la no relación sexual se apoya en una no relación de palabras, que le es anterior y la soporta. No hay relación entre los sexos porque no hay nombre que escriba el goce en uno de ellos. Es una manera de decir que la castración es el agujero, tan vertiginoso como irremediable, entre S1 y S2. Este es el fallo constitutivo del psiquismo, agujero que aspira empujando a la búsqueda de un tratamiento sintomático singular. A mínima, el primer anudamiento que produce un infans es el nudo del lenguaje. Entrar en el mundo de las palabras es incluirse, no sin el cuerpo, en la tarea de dar sentido al ruido gozoso de la lalengua. Hablar es a la vez un goce y un trabajo, el trabajo de incluirse en la máquina de producir sentido que es el Otro”.

Bassols, M., La llamada perdida del trauma y la respuesta del analista. Blog EOL sección de La Plata. Disponible en: http://www.eol-laplata.org/blog/index.php/la-llamada-perdida-del-trauma-y-la-respuesta-del-psicoanalista/

“Y sí, nosotros podemos decir que nos falta la tinta roja para escribir una verdad con la forma de lo falso para pasar la censura. Y sólo nos queda la forma de evocar la verdad con la tinta azul que siempre mentirá. Esa mentira sobre la verdad imposible de escribir es una mentira escrita en tinta azul. La falta de tinta roja es una falta estructural. Nos falta también la tinta roja para entendernos entre los sexos, para decir la verdad de la verdad, para decir todo el saber, para decir lo real de la experiencia traumática también. Tenemos solo acceso a la tinta azul para intentar decir con eso algo de lo que es lo real.

¿Cómo no intentar, con la tinta azul de la que disponemos, decir algo de lo más real, de lo que no podemos decir por la falta de la tinta roja? De acuerdo, hay lo imposible de decir, hay lo imposible de escribir por un lado, pero hay también, –y es la categoría lógica que Lacan subraya como correlativa– lo necesario. Hay una necesidad ética, diría que es una necesidad ética en cada caso de un análisis, una necesidad ética de escribir algo sobre lo imposible de escribir que el trauma trae consigo, una necesidad de elaborar algo de eso”.

Briole, G., El trauma: momento de crisis por excelencia. Conferencia impartida en la Sede de Barcelona de la ELP, 2015. Disponible en: http://elpsicoanalisis.elp.org.es/wp-content/uploads/2015/10/Guy-Briole.-El-trauma-momento-de-crisis-por-excelencia-.pdf

“El acontecimiento traumático, el accidente: Lo que hará de un acontecimiento un acontecimiento traumático no se entiende en su dimensión calculable, sino en la singularidad que tiene para un sujeto en un momento dado de su historia. Lo traumático se sitúa, para un sujeto, en la intersección entre la diacronía de los acontecimientos y lo que surge en la sincronía. Esta contingencia da cuenta, también, de la noción misma de crisis”.

Brodsky, G. La clínica y lo real. IX Congreso de la AMP, “Un real para el Siglo XXI”. Textos de orientación. Disponible en: http://www.congresamp2014.com/es/template.php?file=Textos/La-clinica-y-lo-real_Graciela-Brodsky.html

“Lo imposible de soportar es otra cosa. Lo real como imposible de soportar se separa de la escritura lógica y matemática. "Soportar" hace surgir, en medio de la formalización imposible, la dimensión de la carga, del peso, incluso del sufrimiento. En síntesis, para soportar hace falta un cuerpo. ¿Para quién, entonces, lo real es lo imposible de soportar? Por empezar, para el que nos llama, para aquél al que nombramos, impropiamente, paciente, puesto que para él lo imposible de soportar se presenta como urgencia, como desborde del cuerpo o del pensamiento. Ese sinthome ¿es algo que se encuentra al final del análisis o es algo que funciona desde el vamos, aunque el sujeto no lo sepa? Me inclino a pensar que hay un arreglo que el sujeto debe hacer con el troumatisme de lalengua(que siempre lo encuentra desprevenido y sin recursos) que no espera al análisis para producirse. Pero ese estatuto del sinthome no es clínico, para tomar la indicación de Miller. Se convierte en síntoma clínico cuando el arreglo se desmorona y las señales de lo real reaparecen, imposibles de soportar”.

Brousse, M.-H., ¿Qué es lo traumático? Conferencia impartida el 19 de diciembre de 2014 en el “Seminario del campo freudiano” en San Sebastián, España. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=FwwH8eZYTx4

“En Freud, a propósito del trauma, […] hay una definición, en ese momento a considerar el trauma a partir del tratamiento de la histeria, relacionándolo con el fantasma y considerar el fantasma como una interpretación de lo que no pudo ser nombrado […] En un segundo momento, luego de observar la repetición en los soldados que venían de la guerra, y la insistencia de la repetición del momento traumático, y luego en más allá del principio del placer, llamado pulsión de muerte, entonces el trauma, tiene que ver con lo que Lacan comienza a llamar goce. El trauma es lo que viene y no encuentra nominación posible en el tratamiento imaginario y simbólico. Es una de las ocurrencias de lo real, lo que constituye la vida de un sujeto. Este real imposible de preveer, de ver, de vivir, eso sería una definición posible”.

Daumas, A., ¿Por qué decimos que hay que “inventar” el Inconsciente? En: Mirta Berkoff, Liliana Cazenave y otros, “El niño y el trauma. Interrogantes de la última enseñanza de Lacan en la clínica con niños”. Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Año XIII, N° 29, Noviembre de 2014. Disponible en: http://virtualia.eol.org.ar/029/template.asp?Consecuencias-de-la-ultima-ensenanza/El-nino-y-el-trauma.html

“El lazo del niño al inconsciente es invención, en tanto rompe la circularidad imaginaria simbólica que implica el destino. Ya que la invención del inconsciente permite al parlêtre encontrar las “herramientas” necesarias para resolver las encrucijadas con otro orden de credibilidad ligado al síntoma.

Extraer del decir las marcas de goce de cada niño permitiéndole a ese que se presenta en posición de objeto elucidar el inconsciente del cual es sujeto.

Brindando la posibilidad de contestar la pregunta que J.-A. Miller anota al lado de la pág. 132 en Televisión: “¿No quieres tu saber nada del destino que el inconsciente te depara?”

Delgado, O., Angustia y trauma. Virtualia, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Año X, No. 23, Noviembre de 2011. Disponible en: http://www.revistavirtualia.com/articulos/310/lecturas- freudianas/angustia-y-trauma

“El trauma a la altura del texto freudiano Más allá del Principio del Placer, es abordado como irrupción pulsional o inundación económica, exactamente en los capítulos III y IV. Irrupción pulsional o inundación económica. ¿Qué es lo que Freud nos dice en ese texto separando ambas angustias? Es que en la angustia señal se sostiene la representación del sujeto. En vez en la angustia traumática, en la medida en que se produce la inundación económica como emergencia pulsional no ligada, va a implicar la caída de la escena psíquica. En términos de Freud, "atraviesan, perforan" lo que llama la "barrera protectora antiestímulo". ¿Ante qué estímulo? Justamente ante la irrupción de lo pulsional”.

Lacadée, P., "El niño lacaniano es el niño troumatizado". Disponible en: https://www.journeesecf.fr/lenfant-lacanien-est-lenfant-troumatise-par-philippe-lacadee/

“Recalquemos como Lacan da cuenta de los estragos que la palabra produce en un niño cuando no se responde a su llamado. Él dice que entre el Otro y el niño hay el “llamado que precozmente había esbozado con la voz”. Notemos finalmente como él introduce la importancia que tiene para el niño, en el llamado al Otro, un objeto que le viene del deseo al Otro: la voz; para todo sujeto este objeto voz es tomado en su relación al Otro. Este objeto voz y la pulsión invocante que está vinculada, al igual que el objeto mirada y la pulsión escópica, son dos objetos fundamentales en la clínica que Lacan ha puesto en evidencia para el niño. Así el objeto mirada y la pulsión escópica son esenciales en esta escena: “he visto, con mis propios ojos” y la mirada de la madre. Durante la elaboración del “estadio del espejo”,[iii] una de las primeras cosas que Lacan señaló fue ese instante donde el niño frente al caos y a la fragmentación de su ser, intenta recuperar una unidad en la imagen especular que él carga libidinalmente e imaginariamente para hacerse un Yo. Más tarde, Lacan resaltará la importancia de la mirada del Otro y de la pulsión escópica”.

Tarrab, M., La insistencia del trauma. Entrevista por Viviana Berger. Varité, Publicación digital de la NEL-CdMx, Mayo 2013. Disponible en: http://www.nel-mexico.org/articulos/seccion/varite/edicion/El-trauma-en-el-psicoanalisis/716/La-insistencia-del-trauma

“El trauma es el fuera de sentido por excelencia, y su insistencia, la insistencia del trauma es el viejo nombre, un nombre mucho más sabio por cierto que el actualmente famoso stress post-traumático, ese que se quiere evitar a toda costa haciendo hablar al sujeto traumatizado. No vamos a discutir a esta altura los beneficios de "hacer hablar", pero sabemos que en la superación de un trauma no basta la vía elaborativa. Menos aún si se confunde, como se lo hace en los hechos, elaboración con racionalización. Si queremos superar la ingenuidad con la que socialmente se afronta la cuestión, debemos desplazar nuestro interés desde la realidad del trauma a la insistencia del trauma, para indicar que lo inasimilable, el fuera de sentido, está allí como encuentro inédito, pero también porque siempre ha estado allí y retorna en ese encuentro perturbador. Es la insistencia del trauma que en el seno mismo de los procesos primarios no se deja olvidar”.

Fernández B., M., "La repetición como concepto fundamental del psicoanálisis". Capitón, Seminarios Clínicos, N° 4. Centro de Investigación y Docencia en Psicoanálisis "Las Mercedes", Caracas, 2010.

“El trauma es lo real como inasimilable. Es una excitación sin palabras, sin saber. Es un hecho sin dicho. El trauma supone siempre una contingencia, un encuentro imprevisto y azaroso. La excitación propia del trauma puede provenir "de fuera" o "de dentro" pero, para que sea trauma, tiene que ser un acontecimiento con una implicación subjetiva. Algo que concierne al sujeto. Una mezcla de real y subjetividad. Sin esa implicación (aunque no sea evidente) no hay trauma”.

Almanza, M., "Mirada". Scilicet, Un real para el siglo XXI. Grama, Buenos Aires, 2014, pp. 231-233.

"En esta vía la práctica del psicoanalisis orientado por la enseñanza de lacan propone el abordaje bajo transferencia de esta mirada encarnada, para constituir un saber no en lo real (como lo propone la ciencia) sino sobre lo real, " elucubración transferencial de saber, cuando se superpone a ese real la función del sujeto supuesto saber que se presta encarnar otro ser viviente".

(…) si este real es más bien una pieza suelta, que no se liga a nada, "un fragmento asistemático en tanto que separado del saber ficcional" producido a partir del encuentro con lalengua, habrá que consentir la opacidad inigualable de ese resto- que no es del orden de lo evidente-para arribar a un saber hacer……".

Bassols, M., "Fantasma y real en la Clínica Lacaniana".
http://www.jornadaseol.com/026/index.php?file=lecturas/textos-de-orientacion/fantasma-y-real-en-la-clinica-lacaniana.html

"Lo real, como sustantivo y no como adjetivo, no es la realidad que este mismo sujeto dice percibir como una unidad más o menos consistente, más o menos completa, correlativa a la unidad imaginaria de su Yo. Lo real interviene también en esta realidad pero siempre de un modo disruptivo, fracturando su unidad y su sentido de un modo irreversible, siguiendo la fórmula que Jacques Lacan evocó de manera muy temprana en sus escritos: lo poco de realidad que tiene lo real[El encuentro con lo real será así para cada sujeto algo siempre imprevisto, a destiempo, fuera de sentido, traumático incluso.3. En la clínica lacaniana, lo que quiere decir en una clínica que tiene una única base: "lo que se dice en un psicoanálisis"[2] , en la medida en que lo que se dice se escucha orientado por lo real, es decir por aquello que no cesa de no escribirse en aquello que se dice, según una de las definiciones dadas por Jacques Lacan de lo real."

Bassols, M., "Retales". Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 30, 2015.
ttp://www.revistavirtualia.com/storage/ediciones/pdf/4wbAkglSj2fGTzS5s39GP16CNxSYJZkA4OvOaS5S.pdf

"Sin duda, la obra de James Joyce será́ aquí́ para Lacan una brújula a la hora de seguir el hilo de la letra que teje el texto de la Lituratierra, una literatura que se construye como sinthome reducido a un goce opaco de sentido. El término sinthome no está́ todavía en este texto de Lacan, pero podemos leer las letras que pueden empezar a deletrear sus nuevos anudamientos.

Se encuentra una de sus marcas en la singularidad de la letra caligráfica en la escritura japonesa que Lacan eleva a la dignidad de una singularidad de goce que «aplasta» lo universal del significante. Se encuentra también en la singularidad de la letra que cae como gotas de lluvia de la nube del lenguaje para inscribir en lo real el ravinement (el abarrancamiento, el surco que el torrente abre en la tierra dejando restos de su recorrido en los márgenes), el abarrancamiento pues del significado. La escritura, insiste Lacan, es este ravinement mismo, hecho de restos, que hace hueco en el saber para alojar un goce."

Berkoff, M., "Perturbar la defensa en los niños". Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 28, 2014.
http://www.revistavirtualia.com/articulos/192/limites-y-dificultades-en-la-practica/perturbar-la-defensa-en-los-ninos

"(….) Es fundamental para nosotros si queremos orientar una cura pesquisar qué relación entabla ese sujeto con lo real pues el sujeto no se relaciona con lo real por la armonía sino, más bien, con su defensa. La posición que toma el ser parlante ante lo real es la defensa, es la manera en que subjetiva lo que es del orden de la pulsión."

Podemos ubicar distintas modalidades de la defensa en los niños:

Los niños del Uno. El niño puede defenderse haciendo de lo real un Uno, inscribiendo el significante S1 solo y que éste se repita como pura inscripción primaria del goce sin encontrar un punto de capitón, no pudiendo leer esa marca con un dos.

Hay casos en que al no poder darle al Uno ninguna clase de sentido la marca del trauma queda repitiéndose sola. En estos casos no hay borde pulsional ni hay ficción

Los niños del dos. O podemos encontrarnos con niños que habitan una articulación discursiva, donde ese S1 se articula con el saber S2, y la defensa, entonces, sea del orden de un montaje como el fantasma o lo que puede estar en su lugar: el juego del niño

Lacan plantea en el Seminario XXIV que para el ser parlante se trata de inventar un truco para hacer algo con el agujero, para los niños del dos el truco es el sentido.

Si le damos a nuestra vida un sentido es porque hay algo insoportable en la pura contingencia. Repetimos entonces neuróticamente nuestros azares y los hacemos destino, creemos que hay Otro que ordena la razón de estos acontecimientos. Así el ser parlante arma ficciones que recubren el agujero, versiones del objeto. El niño, al cernir el objeto en el circuito pulsional, va armando bordes donde se articulan sentido y goce (S2 y a). Podemos decir entonces, que la pulsión ha sido domesticada, articulada en su circuito que pasa por el Otro."

Brousse,M.-H., "¿De qué sufrimos?" Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 5, 2002.
http://www.revistavirtualia.com/articulos/715/destacados/de-que-sufrimos

"En un análisis, el sufrimiento es en primer lugar una defensa: una defensa contra lo imposible. ¿De qué se sufre, en efecto? De ser amado o de no serlo, de estar solo o de no estarlo, de hablar o de callarse, de la repetición o de la novedad, de saber o de ignorar, de tener o de perder, de estar lleno o de estar vacío... en fin, todo, absolutamente todo puede hacer sufrir: lo demasiado, lo insuficiente, la nada, lo justo. El sufrimiento del sujeto hablante es una modalidad del decir que implica la impotencia y puede aplicarse a toda representación, hasta a la de no sufrir.

Esta modalidad de la palabra implica, sin embargo, la cercanía de los alrededores de un punto central que se constituirá bajo transferencia como síntoma del sujeto, al mismo tiempo que tiene afinidades con el grito o el aullido. Para el analista reenvía, entonces, a la estructura que implica "la manera en que el lenguaje surge al principio en un ser humano" (1). En eso incluye al Otro. Pero, siempre cerca del grito, no está toda articulada al Otro y no responde totalmente al llamado. Se manifiesta, pues, un real –lo imposible de articular- con el cual ese sujeto se enfrentó. El sufrimiento revela un punto de insoportable, ese punto donde vacila el soporte tomado en el Otro, ordenado por el sentido paternal y donde se rasga el velo del fantasma, es decir, de la realidad. El sufrimiento es pérdida de sentido, pérdida de la pacificación operada por el nombre. Se suspenden el Otro y el objeto. Esta es la razón por la que tiene como damas de honor que le hacen cortejo a la reivindicación, la acusación, la denuncia, la falta, la demanda. Cuando se presenta solo, viene a su lugar un grito o, incluso, un llamado a la muerte como el único significante que parece poder poner fin a la caída. De este grito hacer un llamado, de ese llamado, descompletándolo, hacer un síntoma, de ese síntoma hacer un sujeto en principio supuesto saber, luego un saber expuesto, esto ocurre en un análisis."

Fari, P., "Lalangue". Scilicet, Un real para el siglo XXI. Grama, Buenos Aires, 2014, pp. 204-206.

"Mi primer libro de lectura tenía como primer texto una historia que se intitulaba Historia de una mitad de pollito. (lo que yo enseño) también se podría titular Historia de una mitad de sujeto. Había también una imagen (…) de la mitad de un pollito (que) tenía el perfil del lado bueno. No se veía el otro, el cortado, (se veía) la mitad sin corazón, pero no sin hígado sin duda, en los dos sentidos de la palabra" (Lacan, El reverso del psicoanalisis).

Lalengua es demasiada privada para servir a la comunicación. Sin valor de cambio, solo tiene valor de uso, es decir de goce. En esta acepción limitada, su invariabilidad y su inercia hacen de ella una "lengua muerta"(…..)Nunca la mitad del pollito se completará con su parte perdida, ningún uso del hígado paliará la ausencia de la garantía y la inconsistencia de la fe, la cual vira ineluctablemente a la "feria"….Reusement, la cirugía interpretativa extrae esos trazos petrificados y los moviliza para jugar otras aventuras."

Goldemberg, M., "Variaciones sobre lo infantil". Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 23, 2011.
http://www.revistavirtualia.com/articulos/309/lecturas-freudianas/variaciones-sobre-lo-infantil

"La formulación de Lacan, que no es por lo necesario sino por la contingencia que se demuestra la imposibilidad, señala justamente que la pasión neurótica es tratar lo imposible por lo necesario, no queriendo saber nada de lo traumático del sexo, pagando con demasiado sufrimiento su satisfacción, mientras que el análisis permite demostrar que es la contingencia la que constituye el goce de cada cual, y que eso no se inscribe ni representa en el Otro, sino que implica para el sujeto una operación de asunción de su singularidad de goce, el salto que es la identificación al síntoma."

Goldenberg, M., "Los trazos de real del inconsciente". Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 30, 2015.
http://www.revistavirtualia.com/storage/ediciones/pdf/4wbAkglSj2fGTzS5s39GP16CNxSYJZkA4OvOaS5S.pdf

"El real de la lengua, implica que en el mundo humano a diferencia del mundo animal, donde todo macho es apto de copular con toda hembra, para el parlêtre no hay relación necesaria con el Otro sexo, solo la contingencia del encuentro. Lacan se pregunta en L'etourdit[5], por los trazos de real del inconsciente.

Lo real del inconsciente no es la estructura del lenguaje, sino lo imposible de la relación del sexo, y a la vez del carácter contingente del encuentro.

Podemos oponer estructura del lenguaje, a la última concepción de Lacan del síntoma como acontecimiento del cuerpo. La enseñanza de Lacan es un tránsito del poder de lo simbólico a la potencia de la contingencia como fijación de goce. Un pasaje del determinismo a la indeterminación de lo real. Cabe recordar que al final de la Introducción a la edición alemana de los escritos[6], Lacan plantea que lo imposible en un análisis no se demuestra por lo necesario sino por lo contingente."

Holguín, C., "Libido". Scilicet, Un real para el siglo XXI. Grama, Buenos Aires, 2014, pp. 213-215.

"(….)Se trata del goce como acontecimiento del cuerpo, conjunción del Uno y goce que Lacan llama Sinthoma (sinthome). Lo más real del síntoma, su dimensión libidinal."

Lijtinstens, C., "Salidas de la infancia y sexuación". Virtualia, Revista digital de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 34, 2018.
http://www.revistavirtualia.com/articulos/783/fundamentos-y-actualidad-de-la-clinica/salidas-de-la-infancia-y-sexuacion

"Pero ¿qué hace cada época con lo real?

El encuentro con un nuevo real puede ser reconducido por el sujeto por la vía del Ideal del Yo, asentado en la significación fálica. Es esta una salida por el lado de la existencia y del sexo, en la que se decide un nombre, un partenaire, un síntoma, a partir de significantes que vienen del Otro y que permiten anclarse en una identificación. Tal es el caso de una joven quien relataba en sesión cómo el encuentro con un amor en el ámbito de un grupo religioso la disponía a una identidad ordenada por la vía del ideal familiar, poniéndola a distancia de un goce estragante que la inhibía para la vida.

Pero también encontramos hoy salidas que no pasan por la vía del Ideal o del falo y que permiten un tratamiento de lo real de manera diferente; salidas que revelan un "fracaso de la metáfora puberal",[3] con una inflación imaginaria reparativa, salidas por el lado de identificaciones a un goce que determina un "congelamiento"[4] en la infancia, volviéndose presente más la relación al goce conocido que el anhelo del deseo inexplorado. Este congelamiento en la infancia es bien ejemplificado por un adolescente que refiere un sueño de angustia, frente al llamado a responder como adulto: "En el espejo me veía como chiquito, después un poco más grande, al lado otro más grande… eran como 4 reflejos… yo me ponía a llorar y ellos me preguntaban por qué lloraba. Extrañaba ser chiquito… veía un reflejo raro"

Velásquez J., El niño en los inicios del siglo XXI. http://nel-medellin.org/el-nino-en-los-inicios-del-siglo-xxi/

Las manifestaciones del malestar en el niño.

"La infancia feliz es un mito. La imagen del niño feliz, ingenuo, angelical, sin problemas, sin pérdidas, sin conflictos ni defectos, en un mundo encantador de ensueños, es inexistente. Ese mito es lo que está infiltrado en nuestra lectura tradicional de la infancia. Un niño recién llegado a este mundo puede sufrir desde su más tierna infancia, y ese sufrimiento acompaña su desarrollo y estructuración. Los síntomas y los malestares del niño desmienten ese ideal de plenitud imposible de cumplir a pesar de ser el preámbulo de la constitución de los ideales parentales, sociales y escolares. Mientras más creamos en ese mito, más se desestima la función de la respuesta del niño frente al encuentro con la adversidad, incluida la respuesta sintomática."